Tras un lago paréntesis vuelvo a la carga con un tema de actualidad. Sé que ya lo he tocado en otra entrada (ver De virus, bacterias y bichejos) pero sería una pena no aprovechar la coyuntura para ahondar en un asunto de vital importancia cual es la vacunación infantil.
Qué gran avance supuso para la humanidad este descubrimiento. Cuántas vidas ha salvado y podría seguir salvando si los gobiernos y los que dominan la industria farmacéutica velaran más por el bien de las personas, como se supone deberían hacer, y menos por el de sus carteras. Cuando se leen libros en los que se habla de epidemias de escarlatina o viruela, del tifus (cuyo nombre científico es fiebre tifoidea y que, afortunadamente para nosotros, está incluido desde hace muchos años en nuestro calendario de vacunación), la tuberculosis y un largo etcétera de horrores médicos de los que ahora estamos más protegidos gracias a Edward Jenner, se le ponen a una los vellos de punta.
O más doloroso aún, cuando una ha convivido desde siempre con una persona, modelo de superación, que hoy podría andar si la ignorancia y penurias de la época no la hubieran privado de la vacuna de la polio, en lugar de vivir un calvario con cada paso desde que se levanta y se pone el aparato hasta que se lo quita para acostarse; cuando una ve la corriente de padres modernitos -sin ánimo de ofender- que propugnan la no vacunación de sus hijos, se la llevan los demonios.
No sé si es ignorancia contemporánea, más censurable por el acceso a la información de la que hoy disponemos y la cultura que se supone recibimos en el colegio, al que a principios del siglo pasado sólo asistían unos pocos y sólo para aprender a leer, escribir y las cuatro reglas, a saber: sumar, restar, multiplicar y dividir. No sé si es inconsciencia, una confianza ciega en su buena estrella, que les protegerá a ellos y sus vástagos de la enfermedad, o si es simple y llanamente estulticia pura y dura. Algo de ello tiene que haber, porque si no, no me lo explico. A poquita cabeza que se tenga y salvo que se sea un padre desnaturalizado, lo más lógico y natural, es velar por la salud de la prole. Incluso diría que responde a un impulso "animal", refiriéndome al instinto más salvaje que nos queda, cual es el de la conservación de la especie.
Si la ciencia, a golpe de experimento y laboratorio avanza para darnos instrumentos cuyo objetivo principal es salvar vidas, deberíamos aprovecharlo. Recordemos que los que vivimos en países civilizados somos unos privilegiados, puesto que las vacunas son un lujo al alcance de muy pocos si miramos la totalidad de la población mundial. Estoy segura de que si muchos masacrados por epidemias que hoy son un recuerdo levantaran la cabeza, se llevarían las manos a la calavera al ver que hay quien, pudiendo defender a sus niños de esos males que antes mataban (y algunos hoy también) no lo hacen por... Espera, que la cosa es que no tengo muy claro el motivo.
Unos alegan que como la protección en algunos casos no es total, que ¿pa qué?. Otros quieren preservarlos de los efectos secundarios (muy lógico, para evitar la febrícula o leve erupción cutánea que puede provocar la vacuna de la varicela, mejor arriesgarse a que la cojan con su fiebrón y picor incontenible que suele dejar marcas, por no hablar de las muchas secuelas que puede provocar y no precisamente de carácter estético). Otros, los típicos conspiranoicos, alegan que todo eso es un montaje de la industria farmacéutica, en connivencia con los gobiernos, para llenarse los bolsillos. Y conste que no niego que en otros casos no sea así, y admito la manifiesta inmoralidad que muestran los dueños de dichas empresas pidiendo cantidades abusivas por esos salvavidas que son los medicamentos. Otros, los flower power, los que parecen haberse quedado pillados en Woodstock, aunque ninguno lo vivió ni de lejos, pero que sí que parecen haber probado sus alucinógenos, confían en las bondades de la naturaleza. Luego se les cae la boca de ponerse como ejemplo de padres responsables... será con el medio ambiente, que lo que es con sus hijos... ¿y los míos, y los tuyos?, porque estamos muy equivocados si creemos que esta falta de protección sólo afecta al hijo del padre guay que se niega a vacunarlo por los motivos que sean (dejando aparte la de índole económica, que sobre eso también hay mucho que hablar, pues no falta quien no tiene dinero para pagarle la vacuna al niño pero sí para el móvil de última generación, para la play station o para ir al fútbol o matarse fumando). El niño que no se vacuna y pilla la enfermedad puede que no contagie, por ejemplo, a sus compañeros de clase si estos, por mor del calendario de vacunación ya han recibido su dosis, pero sí pueden transmitir la enfermedad a los compañeros de colegio más pequeños, a los hermanos menores de sus amigos con los que comparten patio, juegos, fiestas de cumpleaños, actividades extraescolares, etc y que aún no han sido protegidos, porque por su edad, aún no les toca... En fin, que la poca cabeza de unos pocos nos puede llegar a afectar a todos.
Yo no sé de donde habrá venido la moda esta anti-vacuna. No me extrañaría que provenga del otro lado del charco, de algún gurú hollywoodiense como Gwyneth Paltrow, conocida por sus soluciones milagrosas para mil y un problemas de salud... como cuando puso de moda las duchas vaginales a base de vapor. Lo que fue denunciado por ginecólogos porque acababa con la flora interna de la vagina. ¿De dónde sacarán esas ideas estas celebrities? Pero bueno, haya partido la idea de quien haya partido, que haya alguno que en su blog propugne que para acabar con los dolores de cabeza no hay nada como tirarse por los bloques del Campo del Sur está bien, pero que haya quien se lo crea y se estrelle de cabeza contra las piedras del rompeolas porque lo ha leído en Internet ya preocupa... más que nada por su salud mental, porque desde luego que el dolor de cabeza se le quita, radical, oye. No vuelve a gastar un euro en ibuprofeno. Garantizado.
Bueno, yo lo que vengo a querer decir es que si alguien quiere jugar con su propia salud, lo puedo admitir, pero que cuando tenemos hijos somos responsables de procurarles el mayor bienestar que esté al alcance de nuestra mano, así que, por favor, es mejor para ellos vacunarlos que comprarles la Play, y más beneficioso para sus neuronas, eso seguro.
Qué gran avance supuso para la humanidad este descubrimiento. Cuántas vidas ha salvado y podría seguir salvando si los gobiernos y los que dominan la industria farmacéutica velaran más por el bien de las personas, como se supone deberían hacer, y menos por el de sus carteras. Cuando se leen libros en los que se habla de epidemias de escarlatina o viruela, del tifus (cuyo nombre científico es fiebre tifoidea y que, afortunadamente para nosotros, está incluido desde hace muchos años en nuestro calendario de vacunación), la tuberculosis y un largo etcétera de horrores médicos de los que ahora estamos más protegidos gracias a Edward Jenner, se le ponen a una los vellos de punta.
O más doloroso aún, cuando una ha convivido desde siempre con una persona, modelo de superación, que hoy podría andar si la ignorancia y penurias de la época no la hubieran privado de la vacuna de la polio, en lugar de vivir un calvario con cada paso desde que se levanta y se pone el aparato hasta que se lo quita para acostarse; cuando una ve la corriente de padres modernitos -sin ánimo de ofender- que propugnan la no vacunación de sus hijos, se la llevan los demonios.
No sé si es ignorancia contemporánea, más censurable por el acceso a la información de la que hoy disponemos y la cultura que se supone recibimos en el colegio, al que a principios del siglo pasado sólo asistían unos pocos y sólo para aprender a leer, escribir y las cuatro reglas, a saber: sumar, restar, multiplicar y dividir. No sé si es inconsciencia, una confianza ciega en su buena estrella, que les protegerá a ellos y sus vástagos de la enfermedad, o si es simple y llanamente estulticia pura y dura. Algo de ello tiene que haber, porque si no, no me lo explico. A poquita cabeza que se tenga y salvo que se sea un padre desnaturalizado, lo más lógico y natural, es velar por la salud de la prole. Incluso diría que responde a un impulso "animal", refiriéndome al instinto más salvaje que nos queda, cual es el de la conservación de la especie.
Si la ciencia, a golpe de experimento y laboratorio avanza para darnos instrumentos cuyo objetivo principal es salvar vidas, deberíamos aprovecharlo. Recordemos que los que vivimos en países civilizados somos unos privilegiados, puesto que las vacunas son un lujo al alcance de muy pocos si miramos la totalidad de la población mundial. Estoy segura de que si muchos masacrados por epidemias que hoy son un recuerdo levantaran la cabeza, se llevarían las manos a la calavera al ver que hay quien, pudiendo defender a sus niños de esos males que antes mataban (y algunos hoy también) no lo hacen por... Espera, que la cosa es que no tengo muy claro el motivo.
Unos alegan que como la protección en algunos casos no es total, que ¿pa qué?. Otros quieren preservarlos de los efectos secundarios (muy lógico, para evitar la febrícula o leve erupción cutánea que puede provocar la vacuna de la varicela, mejor arriesgarse a que la cojan con su fiebrón y picor incontenible que suele dejar marcas, por no hablar de las muchas secuelas que puede provocar y no precisamente de carácter estético). Otros, los típicos conspiranoicos, alegan que todo eso es un montaje de la industria farmacéutica, en connivencia con los gobiernos, para llenarse los bolsillos. Y conste que no niego que en otros casos no sea así, y admito la manifiesta inmoralidad que muestran los dueños de dichas empresas pidiendo cantidades abusivas por esos salvavidas que son los medicamentos. Otros, los flower power, los que parecen haberse quedado pillados en Woodstock, aunque ninguno lo vivió ni de lejos, pero que sí que parecen haber probado sus alucinógenos, confían en las bondades de la naturaleza. Luego se les cae la boca de ponerse como ejemplo de padres responsables... será con el medio ambiente, que lo que es con sus hijos... ¿y los míos, y los tuyos?, porque estamos muy equivocados si creemos que esta falta de protección sólo afecta al hijo del padre guay que se niega a vacunarlo por los motivos que sean (dejando aparte la de índole económica, que sobre eso también hay mucho que hablar, pues no falta quien no tiene dinero para pagarle la vacuna al niño pero sí para el móvil de última generación, para la play station o para ir al fútbol o matarse fumando). El niño que no se vacuna y pilla la enfermedad puede que no contagie, por ejemplo, a sus compañeros de clase si estos, por mor del calendario de vacunación ya han recibido su dosis, pero sí pueden transmitir la enfermedad a los compañeros de colegio más pequeños, a los hermanos menores de sus amigos con los que comparten patio, juegos, fiestas de cumpleaños, actividades extraescolares, etc y que aún no han sido protegidos, porque por su edad, aún no les toca... En fin, que la poca cabeza de unos pocos nos puede llegar a afectar a todos.
Yo no sé de donde habrá venido la moda esta anti-vacuna. No me extrañaría que provenga del otro lado del charco, de algún gurú hollywoodiense como Gwyneth Paltrow, conocida por sus soluciones milagrosas para mil y un problemas de salud... como cuando puso de moda las duchas vaginales a base de vapor. Lo que fue denunciado por ginecólogos porque acababa con la flora interna de la vagina. ¿De dónde sacarán esas ideas estas celebrities? Pero bueno, haya partido la idea de quien haya partido, que haya alguno que en su blog propugne que para acabar con los dolores de cabeza no hay nada como tirarse por los bloques del Campo del Sur está bien, pero que haya quien se lo crea y se estrelle de cabeza contra las piedras del rompeolas porque lo ha leído en Internet ya preocupa... más que nada por su salud mental, porque desde luego que el dolor de cabeza se le quita, radical, oye. No vuelve a gastar un euro en ibuprofeno. Garantizado.
Bueno, yo lo que vengo a querer decir es que si alguien quiere jugar con su propia salud, lo puedo admitir, pero que cuando tenemos hijos somos responsables de procurarles el mayor bienestar que esté al alcance de nuestra mano, así que, por favor, es mejor para ellos vacunarlos que comprarles la Play, y más beneficioso para sus neuronas, eso seguro.