viernes, 2 de septiembre de 2016

El síndrome post vacacional

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Uno de septiembre. El autobús ya va más cargado. Se ve tráfico al ir de camino a la parada, cosa que no sucedía durante el mes de agosto. Muchos trabajadores vuelven al curro. Unos contando lo bien que lo han pasado de viaje, otros hablando de la playa y del persistente viento de Levante, que poca tregua nos ha dado este verano a los habitantes de la costa gaditana, y otros escuchando. Muchos callan, acaso porque ni siquiera están escuchando la perorata de su acompañante, aún tienen las marcas de la sábana en el moflete y muchas telarañas en las neuronas.
Se oyen comentarios para todos los gustos, pero ninguno comparable con la solemne idiotez que derrocharán hoy los telediarios. Si ayer fue la "operación retorno" -un tanto eclipsada por la actualidad política, todo hay que decirlo- hoy será la depresión post vacacional. Por suerte para nuestras inteligencias y nuestra capacidad de aguante de la siempre creciente estupidez humana, también en esta ocasión la noticia quedará eclipsada por comentarios, ruedas de prensa y declaraciones de nuestros estimados políticos que este año han tenido la deferencia de organizar un circo mediático a finales de agosto. Qué poca consideración muestran con los editores y periodistas de los noticiarios. Con lo bien que les viene siempre a los que eligen las noticias de los telediarios la consabida encuesta a pie de chiringuito dando su momentito de gloria a todo graciosillo que se precie, rivalizando con el anterior en la estolidez y simpleza de su respuesta. Aún está por ver que no les fastidien también la típica noticia sobre el menú de la cena de Nochebuena y comida de Navidad...
Y a continuación el consabido médico que informa sobre los perniciosos efectos de la vuelta al trabajo -ninguno ha estado en paro, por lo que se ve- y que incluyen dolores de cabeza -nada comentan de los que provoca el no tener qué darles de comer a tus hijos, claro-, mareos, fatiga, ansiedad -nada comparable con la que se tiene cuando no tienes para pagar la hipoteca, pero esa, por lo que se ve no merece considerarse síntoma de depresión, como el síndrome post vacacional-. Mamarrachadas varias que me hacen pensar en la inmadurez y falta de empatía que impera en nuestra sociedad.
El otro día oí una respuesta inteligente, habrá que poner una pica en Flandes. Un chaval decía que se alegaba de volver al trabajo. ¡Albricias! Alguien que me ayuda a recuperar la esperanza de que no todo está perdido. ¿En qué están pensando los memos que nos hastían con sus quejas por volver a madrugar? ¿Es que no saben la suerte que tienen? Puede que haya trabajos precarios, trabajos que no nos gustan, jornadas maratonianas y un sinfín de cosas muy mejorables, evidentemente. Pero todos esos que hacen un rosario de quejas deberían ponerse en el pellejo de aquellos para los que cada día siempre es igual que el anterior, porque no distingue fines de semana ni vacaciones, simplemente porque no tiene un trabajo al que volver ni del que quejarse. Me parece una tomadura de pelo que clama al cielo que se le dé cobertura mediática a una gilipollez como la depresión post vacacional en un país donde el problema del paro es más preocupante que la propia inestabilidad política, situación ya grave de por sí.
Y luego la nutricionista que aporta sus consejos para bajar la tripita cervecera tras los excesos veraniegos.
Me reafirmo, todas estas noticias típicas, como las de las rebajas, la de la operación bikini y otras muchas denotan la pobreza intelectual y la falta de inquietudes imperante en nuestra sociedad, enferma de otro síndrome también muy conocido: el de Peter Pan, que no quiere crecer y huye de sus responsabilidades.

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