martes, 22 de noviembre de 2016

Me dan grima los reborn

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El otro día encontré, por casualidad, otro motivo para asombrarme del absurdo que reina por doquier en estos tiempos que vivimos. Iba por la calle y el escaparate de una juguetería me hizo detenerme para observar, pasmada, los cochecitos de capota, las cunas, casitas de muñeca y demás... recuperando unos ojos de niña que, sólo de vez en cuando, recuerdo haber tenido. Y allí estaban ellos, en sus cajitas, con su precio bien visible para que no nos llamemos a engaño, que los buenos superan los 500 euracos:  Los reborn. Esas réplicas casi exactas de bebés que, si no te fijas bien, dan el pego que no veas... Una vez, en la cola del súper, dos niñas llevaban uno en brazos. Debieron verme en la cara cómo la curiosidad por aquel extraño objeto me reconcomía por dentro y me ofrecieron tocarla e incluso cogerla en brazos. Mi sensación de grima también debió notarse en mi semblante. No sólo el tacto y la consistencia imitan bastante bien la carne humana, sino que además  pesan más o menos lo que un retoño de su edad. Desde mi punto de vista es espeluznante. Esos ojitos inertes mirándote desde la sillita, tan fijamente... Demasiadas películas de miedo con muñecos como protagonistas, supongo. Reconozco que las de porcelana "perjudicadas" cual salidas de las secuelas de un tsunami siguen siendo estrella indiscutible de nuestras peores pesadillas, pero estos muñecos nuevos, tan realistas... no sé, yo creo que prometen en la industria cinematográfica del alarido. Os lo digo yo. Ya imagino la trama argumental. La misma realidad, que supera con creces la ficción, da muchas ideas. Y todo porque este "juguete" para muchas personas, al parecer, no es tal. Por lo visto hay mujeres solitarias que las utilizan a modo de terapia. Antes eran los gatos los que se utilizaban a modo de consuelo para la maternidad frustrada puesto que, a decir de los expertos, acariciar a un felino en nuestro regazo se asemeja bastante a acunar a un bebé. Al parecer estos muñecos vienen pisando fuerte y acabarán desplazando a los pobres mininos. Dentro de unos años el tópico de "la vieja de los gatos" será sustituido por la "de los reborn".
Puede sonar a broma, pero es que hay mujeres, dicen las malas lenguas, que los cuidan como a niños de carne y hueso, les hablan, los cambian de ropa según la hora del día, les tienen su cuarto y se gastan un pastizal en su vestuario. Y debe ser verdad, porque yo he visto por la calle a una señora con uno en su cochecito y os aseguro que no lo trataba como a un muñeco y no me pareció que fuera a recoger a su niña al cole con él, me temo que lo que pasa es que lo estaba paseando. Cuando la vi me quedé un tanto conmocionada porque no sabía de la existencia de esos "juguetes" hiperrealistas y como iba dormido me costó un rato tranquilizarme y comprobar que al niño no le pasaba nada, tan sólo que no era tal niño y por eso no respiraba.
Por casos patológicos como ese me parece que el tema puede ser un filón para pelis con trama fantasmagórica, truculenta o thrillers de corte psicológico. Ya veo la sinopsis en la carátula del dvd. "Donna, una joven maestra cuyo hijo acaba de desaparecer en extrañas circunstancias, recibe un misterioso paquete con un siniestro regalo... un reborn ensangrentado". Ya no sigo, que me embalo, y mi calenturienta imaginación no conoce límites. Por cierto, si veis alguna película con este argumento, no olvidéis decírmelo, para pedirme el Copyright, que está la cosita muy mala y no se pueden perder oportunidades de engordar a "la de Ubrique" (o sea, la cartera). Lo que quiero decir es que hasta esto se está deshumanizando. Me explico. ¿No sería mejor terapia ayudar a niños que realmente lo necesiten? Seguro que hay mil maneras de realizarse en el servicio a los demás y más productivas para los interesados y para la sociedad en general que alimentar el fetichismo montando numeritos con muñequitos de lujo vestidos de marca. Y luego se quejan de la Semana Santa. Por lo menos las cofradías hacen muchas obras de caridad, mantienen el patrimonio artístico y están proyectadas hacia los demás, amén de dar bastante dinero al país aunque sólo sea por el turismo que generan. ¿Cómo se critica eso y se comprende que un adulto trate a un pedazo de plástico (muy conseguido, por cierto, todo hay que decirlo) como a un ser humano? La verdad, salvando las distancias, yo le veo cierta similitud. Que no se ofenda nadie. Respeto el coleccionismo, comprendo los traumas y los problemas psicológicos, entiendo que los fabricantes de reborn también tienen que comer. Sólo quiero decir que de esto a tener robots que nos llamen "mami" -como en Inteligencia Artificial, de Spielberg- supliendo nuestras carencias afectivas sin las desventajas que conlleva la educación, con sus pataletas en la infancia y sus desencuentros en la adolescencia, hay sólo un paso. Qué grima...

domingo, 13 de noviembre de 2016

Los Pokemons

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Parece que ha decaído la moda de los Pokemon Go... Parece. Tampoco es que yo esté muy puesta en estas lides, todo hay que decirlo. Este medio que actualmente utilizo es todo un alarde de modernidad para mí. Yo soy más de escribir a mano, de boli BIC Cristal -soy de las que recuerdan perfectamente la cancioncilla de BIC Naranja escribe fino, BIC Cristal escribe normal- o de "teclorrea impenitente".
Pues, a lo que iba... parece que hay menos pollinos arriesgando el pellejo por capturar muñequitos virtuales. O ya no es noticia.  Perdonadme por el insulto gratuito a los seguidores de semejante jueguecito, pero es que me horroriza vivir en una época tan débil de mente. Ya hay un síndrome, con su nombre y todo -que no voy a buscar porque simplemente no me apetece- para los chavales que dejan de salir de sus casas y se pasan el día entero encerrados entre cuatro paredes haciendo una vida virtual. En algunos casos  sus psicólogos alegarán: "Vos sabés que es por miedo a la sociedad". Vamos, al contacto real con los demás seres humanos. Sin embargo, no manifiestan temor a compartir sin pudor alguno sus intimidades más profundas, desde pecados inconfesables hasta fotos de sus partes pasando por trivialidades hasta de cierto tono escatológico, vamos, me refiero a que publican hasta cuando van al retrete... La sociedad les da pavor, pero a ese monstruo, ese que puede fagocitarte hasta la médula y que anida en las redes sociales mal entendidas, ese al que no conocen ni conocerán nunca ni pueden controlar, a ese, precisamente al más peligroso, le confían hasta su ser más íntimo.
Así, es normal que te encuentres con escenas tan surrealistas como una pandilla que, si en mi época compartía risas, refrescos y gusanitos de maíz, hoy se enfrasca, cabizbaja en su móvil o tablet en conversaciones o juegos para construir ciudades  sin intercambiar una mirada. Y digo yo que, si tan grande es su interés por el urbanismo, bien podrían dedicarse a estudiar arquitectura, que es más productivo y estimula más las neuronas, ¿no?.
Ya no se cuentan chistes, se comparten por Internet o por el móvil.  Es más,  como decía, me aterra comprobar que muchos jóvenes ya no se miran a los ojos, sólo se ven ven a través de una pantalla, normalmente de móvil.  Y lo más triste, las parejas a veces, tras semanas bloqueando los mensajes de su media naranja en una moderna versión de la guerra fría amorosa, ya ni siquiera cortan cara a cara, lo hacen por Whatsapp... que tiene guasa la cosa (si me permiten tan facilón y manido juego de palabras). O sea, que utilizamos estos rectángulos de plástico, y metal, cargaditos de circuitos integrados a modo de parapeto o máscara para no dar la cara, igualito que si nos moviéramos en un baile de Carnaval dieciochesco... para que luego digan que no está todo inventado.
Pero las lágrimas que se lloran cuando por fin se cae el antifaz no son de cristal líquido, ¿verdad? Ahí seguimos siendo humanos.
Sin embargo no caigáis en la crítica fácil a mi disertación pensando que critico las redes sociales o la red. Para nada. Sería muy incoherente por mi parte hacerlo, además,  por este medio. Al contrario, me parecen un instrumento que vale su paso en oro y que si hubiera existido en mi época me habría facilitado muchas cosas; como buscar información para los trabajos del cole o ahorrar una pasta en fotocopias y habría resuelto muchas de mis numerosas dudas que en su momento hubieron de esperar. Como descubrir, cuando apenas contaba once años, que la música que salía en el anuncio del perfume Lou Lou de Cacharel era la Pavana de Fauré. Para saberlo tuve que tragarme horas y horas de Radio Dos Clásica hasta que lo logré. Eso sí, escuchar música nunca supuso un sacrificio para mí y la búsqueda de melodías me hizo descubrir otras muchas que, de otro modo me habrían pasado desapercibidas. Además, si los  de mi generación y todas las  anteriores a esta era tecnológica hubiéramos contado con estas herramientas no habríamos tenido que tirarnos de los pelos al perder el papelito donde el nuevo amigo del último verano nos apuntó su dirección y número de teléfono. Hoy en día están las redes sociales y no sólo puedes localizar a casi todo quisque, sino que no tienes que gastar en papel, tinta, sobres y sellos, amén de la inmediatez de la información, que tampoco es una cualidad nada despreciable.
También tiene sus desventajas, claro está, y es que no puedes hacerte el sordo para según qué cosas. Si estas conectado, lo estarás hasta sus últimas consecuencias y nadie se va a tragar que llevas un mes sin mirar el Whatsapp y si quieren dar contigo, es casi inevitable: Facebook, e-mail, Whatsapp, Twitter... Demasiadas formas de conexión para escapar a todas.
Lo que no entiendo es cómo los famosos, que tanto se quejan del acoso al que viven sometidos por sus fans, se crean sus páginas en dichas redes publicando fotos, opiniones, etc... Supongo que la publicidad le agrada a todo el mundo,  sobre todo si, digas lo que digas,  vives de tu imagen, siempre que no sea sin tu consentimiento. Pero no deja de ser un contrasentido, al menos en mi humilde opinión.
¿A dónde no habrían llegado mentes privilegiadas como las de Copérnico o Einstein, sin necesidad de irnos tan lejos en el tiempo, con el acceso  casi ilimitado a la información y a las  demás personas del que disfrutamos ahora?  Hasta el infinito y más allá...
O no... vaya usted a saber... Igual sus mentes, a fuerza de no esforzarse (si me permiten la redundancia) se habrían atrofiado y habrían acabado cazando pokemons, aunque lo dudo. Más bien, imagino que viendo tal grado de infantilidad entre hombres y mujeres hechos y derechos, se abrirían las venas. Imaginen qué pensarían de nosotros los espartanos en la batalla de las Termópilas si un oráculo les cuenta que este iba a ser el futuro de algunos de sus descendientes. Estos no se abrirían las venas, tirarían al visionario por el precipicio por loco, por lo menos...
Vivir para ver...