El otro día, cuando me levanté para ir al trabajo hacía niebla. No muy espesa, pero niebla al fin y al cabo. Una mañana de Agosto, bueno, más bien noche -a las siete menos diez de la mañana, en esta época del año es noche cerrada- silenciosa y tranquila. Mis pasos por la calle eran el único sonido, amortiguado, además, por la humedad suspendida en el ambiente. Ya se sabe, en Agosto parece que se detiene el mundo. Se cogen las vacaciones hasta los mosquitos de la parada. Y los comentaristas de la tele -paradójicamente currantes agosteros-, nos hacen sentir bichos raros a los que no estamos tostándonos en la playa o matándonos a cervecitas en el mes fantasma, en el que no se fabrican muebles y la justicia duerme. ¿Qué digo, si la justicia duerme todo el año? Es por eso que la pintan con los ojos cerrados, no porque sea ciega, al menos en España...
Y con ese silencio sepulcral por la calle, no se me ocurrió a mí otra cosa que pensar: "qué romántico... parece que voy por el Londres decimonónico..." Mi memoria cinematográfica me trasladó a películas de época y se me vino a la mente: "Parece como si tras cualquier esquina fuera a aparecer Jack el Destripador"... Maldita imaginación. De ir tan feliz disfrutando del silencio que me rodeaba y pensando lo bien que se va al trabajo en Agosto pasé a una leve sensación de jindoy que me iba recorriendo la columna vertebral y erizándome el pelo del cogote... Es que en Agosto la calle a esas horas parece la típica escena de ciudad desierta de Abre los ojos, película que, por cierto, no he visto. Me la apunto, a ver si la veo uno de estos días del poco verano que queda, porque en la tele también se coge vacaciones la buena programación, si es que podemos llamar buena a la de invierno que, para mi gusto, no, desde luego, pero comparada con los programas de saldo del verano, es excelente, vamos.
La situación de soledad también me recordó a otra película: 28 días, que sí he visto y para quien no la conozca diré que fue una de las primeras de estas modernas de plaga/virus-zombie-apocalíptica, que ahora abundan como los guiris en Chiclana... Esa, sin embargo, he de reconocer que me gustó, por lo novedosa. No puedo decir lo mismo de todas las copias que le han salido como churros. Además, es inglesa y ya sabemos que la estética del cine europeo suele resultar bastante más inquietante que la del americano, más comercial -dejando aparte el caso del Festival de Sundance, que, para mi gusto, ya se pasa de "inquietante" porque hace que los temas más corrientes adquieran tintes de expediente X-.
Ni un alma en la calle. Mis pasos por la acera, único rumor audible, cual duelo del western más spaghetti. Más sola que la una. Y yo acordándome de asesinos en serie y zombies antropófagos... Es que soy única. Yo no soy muy fácil de sugestionar, pero la imaginación suele jugar malas pasadas y, casi sin darme cuenta, empecé a acelerar el paso, no por los zombies, evidentemente, sino porque, admiradores de Jack, por desgracia, siempre ha habido y habrá. Eso me lleva a recordar mi adolescencia. Fue la época del caso de las niñas de Alcasser y muchos otros. Un tiempo en el que, día sí y día también, la noticia era la desaparición de una adolescente, normalmente por carretera y de camino a fiestas o discotecas o de vuelta a su casa. Era de pesadilla, fue como una plaga que asoló, sobre todo, el Levante y la Costa del Sol y principalmente en verano. Las niñas volvíamos a casa de noche con un ojo abierto en la nuca y mirando había atrás cada dos por tres. Creo que el terror no beneficia a nadie, pero como dicen los mayores, el miedo guarda la viña... Un poco más de precaución no les vendría mal a las generaciones actual y venidera. Y lo digo con un caso de desaparición en la palestra na Pobra do Caramiñal (como se dice en galego). Lo dicho, los monstruos como Jack no se cogen vacaciones. El hecho es que llegué super temprano a la parada y con alguna gota de sudor perlando mi frente, suena muy poético, pero el hecho es que llegué cagando leches y con la carne de gallina.
Y mira que se va bien en el autobús en este mes. Casi vacío, llega prontísimo, no te levanta dolor de cabeza del jaleo... Un paraíso para los que sufrimos un poco de gentefobia. Disfrutemos de lo poco que nos queda, que ya mismo llega septiembre y comienza el curso y luego la Universidad y el autobús se llena de jóvenes con muy buenos propósitos de no perderse una clase, que va decayendo conforme avanzan las semanas, armando mucho escándalo para hacerse notar (nunca falta el "graciosillo" que habla por encima de todo el autobús para que todos aprecien su vis cómica y que, maldita la gracia que tiene, el pobre hijo) y, muy a menudo, con escasa educación, que no despegan el culo del asiento aunque tengan al lado a una embarazada que no cabe por el pasillo (lo digo por experiencia) o a un anciano luchando por asirse a la barra para no perder el equilibrio. Bendito agosto, mes fantasma para los que trabajamos en él y que, al parecer, no tenemos derecho al síndrome post vacacional.
Y con ese silencio sepulcral por la calle, no se me ocurrió a mí otra cosa que pensar: "qué romántico... parece que voy por el Londres decimonónico..." Mi memoria cinematográfica me trasladó a películas de época y se me vino a la mente: "Parece como si tras cualquier esquina fuera a aparecer Jack el Destripador"... Maldita imaginación. De ir tan feliz disfrutando del silencio que me rodeaba y pensando lo bien que se va al trabajo en Agosto pasé a una leve sensación de jindoy que me iba recorriendo la columna vertebral y erizándome el pelo del cogote... Es que en Agosto la calle a esas horas parece la típica escena de ciudad desierta de Abre los ojos, película que, por cierto, no he visto. Me la apunto, a ver si la veo uno de estos días del poco verano que queda, porque en la tele también se coge vacaciones la buena programación, si es que podemos llamar buena a la de invierno que, para mi gusto, no, desde luego, pero comparada con los programas de saldo del verano, es excelente, vamos.
La situación de soledad también me recordó a otra película: 28 días, que sí he visto y para quien no la conozca diré que fue una de las primeras de estas modernas de plaga/virus-zombie-apocalíptica, que ahora abundan como los guiris en Chiclana... Esa, sin embargo, he de reconocer que me gustó, por lo novedosa. No puedo decir lo mismo de todas las copias que le han salido como churros. Además, es inglesa y ya sabemos que la estética del cine europeo suele resultar bastante más inquietante que la del americano, más comercial -dejando aparte el caso del Festival de Sundance, que, para mi gusto, ya se pasa de "inquietante" porque hace que los temas más corrientes adquieran tintes de expediente X-.
Ni un alma en la calle. Mis pasos por la acera, único rumor audible, cual duelo del western más spaghetti. Más sola que la una. Y yo acordándome de asesinos en serie y zombies antropófagos... Es que soy única. Yo no soy muy fácil de sugestionar, pero la imaginación suele jugar malas pasadas y, casi sin darme cuenta, empecé a acelerar el paso, no por los zombies, evidentemente, sino porque, admiradores de Jack, por desgracia, siempre ha habido y habrá. Eso me lleva a recordar mi adolescencia. Fue la época del caso de las niñas de Alcasser y muchos otros. Un tiempo en el que, día sí y día también, la noticia era la desaparición de una adolescente, normalmente por carretera y de camino a fiestas o discotecas o de vuelta a su casa. Era de pesadilla, fue como una plaga que asoló, sobre todo, el Levante y la Costa del Sol y principalmente en verano. Las niñas volvíamos a casa de noche con un ojo abierto en la nuca y mirando había atrás cada dos por tres. Creo que el terror no beneficia a nadie, pero como dicen los mayores, el miedo guarda la viña... Un poco más de precaución no les vendría mal a las generaciones actual y venidera. Y lo digo con un caso de desaparición en la palestra na Pobra do Caramiñal (como se dice en galego). Lo dicho, los monstruos como Jack no se cogen vacaciones. El hecho es que llegué super temprano a la parada y con alguna gota de sudor perlando mi frente, suena muy poético, pero el hecho es que llegué cagando leches y con la carne de gallina.
Y mira que se va bien en el autobús en este mes. Casi vacío, llega prontísimo, no te levanta dolor de cabeza del jaleo... Un paraíso para los que sufrimos un poco de gentefobia. Disfrutemos de lo poco que nos queda, que ya mismo llega septiembre y comienza el curso y luego la Universidad y el autobús se llena de jóvenes con muy buenos propósitos de no perderse una clase, que va decayendo conforme avanzan las semanas, armando mucho escándalo para hacerse notar (nunca falta el "graciosillo" que habla por encima de todo el autobús para que todos aprecien su vis cómica y que, maldita la gracia que tiene, el pobre hijo) y, muy a menudo, con escasa educación, que no despegan el culo del asiento aunque tengan al lado a una embarazada que no cabe por el pasillo (lo digo por experiencia) o a un anciano luchando por asirse a la barra para no perder el equilibrio. Bendito agosto, mes fantasma para los que trabajamos en él y que, al parecer, no tenemos derecho al síndrome post vacacional.

