Que todas las madres babeamos al hablar de nuestros hijos es una verdad irrefutable, irrebatible, innegable, algo que queda fuera de toda duda. Al menos las madres normales que, por desgracia, de todo hay en la viña del Señor.
Pero cuando las cosas que hace o dice tu hijo ya son alabadas por todo el mundo, te empiezas a plantear que ya no es sólo pasión de madre.
Pues bien, mi hijo el mayor, siempre apuntó maneras de intelectual. Sólo hay que verlo andando con la vista perdida en el infinito, con pinta de "sabio despistado". De lo de despistado doy fe. Con un añito y medio veía letras en las paredes y en los bocados de las tostadas. Con dos años se aprendió todas las letras del alfabeto a fuerza de verlas en las matrículas de los coches. Conocía todas las marcas de los coches, a pesar de no saber siquiera pronunciarlas y distinguía sus logotipos. Así, decía, por ejemplo: "Zeta Opel", "Rombo Renault" y otras un poco más cripticas, porque en realidad es que no sabía hablar muy bien, como: "León Kut" (por Peugeot) o "V de Jojamen" (por Volkswagen). Luego le dio, con más o menos tres añitos, por la entomología y se aprendió nombres de un montón de insectos en latín, como anisocellis flavolineata que, si no recuerdo mal, es el nombre científico del escarabajo de la patata. También tuvo su época de paleontólogo, y se sabía todos y digo todos, los dinosaurios conocidos -o inventados, porque, con todos mis respetos, me cuesta creer que por encontrar un fémur ya sepan hasta si el animalejo en cuestión tenía escamas en la cola o si era hervíboro o carnívoro, yo pienso que algo de imaginación sí que le echan, la verdad-. Pero no los cuatro típicos que se sabe cualquier niño, no: todos. Y no sólo los dinosaurios sino también los ancestros de todos los animales actuales, mamíferos, acuáticos, aves, todo tipos de fósiles y reliquias animales varias, por llamarlo de alguna manera. Las eras geológicas de la tierra, y todos, también, repito, todos, no exagero, los homínidos. Imaginad que vais en el coche y que, para entretenerlo, proponéis decir nombres de animales que empiecen por a y, después de cuarenta ejemplares, el niño, aburrido de un juego tan fácil, os dice: "mejor decimos la primera letra de un homínido y la acertamos". Cuando le aclaré que nosotros no sabíamos tantos nombres de homínidos, como mucho el Neanderthalensis, el de Cro-Magnon, el Erectus, el Sapiens, el Habilis y, en un alarde de erudición, el Antecessor, muy ofendido y extrañado nos suelta: "bueno, os digo también la última letra y lo adivináis". Cuánta magnanimidad, así ya está tirado. Él se sabía unos cuantos más, no sé, nombres que no había oído en mi vida.
Pero cuando las cosas que hace o dice tu hijo ya son alabadas por todo el mundo, te empiezas a plantear que ya no es sólo pasión de madre.
Pues bien, mi hijo el mayor, siempre apuntó maneras de intelectual. Sólo hay que verlo andando con la vista perdida en el infinito, con pinta de "sabio despistado". De lo de despistado doy fe. Con un añito y medio veía letras en las paredes y en los bocados de las tostadas. Con dos años se aprendió todas las letras del alfabeto a fuerza de verlas en las matrículas de los coches. Conocía todas las marcas de los coches, a pesar de no saber siquiera pronunciarlas y distinguía sus logotipos. Así, decía, por ejemplo: "Zeta Opel", "Rombo Renault" y otras un poco más cripticas, porque en realidad es que no sabía hablar muy bien, como: "León Kut" (por Peugeot) o "V de Jojamen" (por Volkswagen). Luego le dio, con más o menos tres añitos, por la entomología y se aprendió nombres de un montón de insectos en latín, como anisocellis flavolineata que, si no recuerdo mal, es el nombre científico del escarabajo de la patata. También tuvo su época de paleontólogo, y se sabía todos y digo todos, los dinosaurios conocidos -o inventados, porque, con todos mis respetos, me cuesta creer que por encontrar un fémur ya sepan hasta si el animalejo en cuestión tenía escamas en la cola o si era hervíboro o carnívoro, yo pienso que algo de imaginación sí que le echan, la verdad-. Pero no los cuatro típicos que se sabe cualquier niño, no: todos. Y no sólo los dinosaurios sino también los ancestros de todos los animales actuales, mamíferos, acuáticos, aves, todo tipos de fósiles y reliquias animales varias, por llamarlo de alguna manera. Las eras geológicas de la tierra, y todos, también, repito, todos, no exagero, los homínidos. Imaginad que vais en el coche y que, para entretenerlo, proponéis decir nombres de animales que empiecen por a y, después de cuarenta ejemplares, el niño, aburrido de un juego tan fácil, os dice: "mejor decimos la primera letra de un homínido y la acertamos". Cuando le aclaré que nosotros no sabíamos tantos nombres de homínidos, como mucho el Neanderthalensis, el de Cro-Magnon, el Erectus, el Sapiens, el Habilis y, en un alarde de erudición, el Antecessor, muy ofendido y extrañado nos suelta: "bueno, os digo también la última letra y lo adivináis". Cuánta magnanimidad, así ya está tirado. Él se sabía unos cuantos más, no sé, nombres que no había oído en mi vida.
Luego empezó con la Astronomía y reconocía, pasando por delante de la tele cualquier astro que saliera, sin errar ni uno. Lo mismo te hablaba de los satélites de Júpiter -se sabía los de todos los planetas del sistema solar- que del cinturón de Kuiper, que yo tampoco sabía que existía. Luego se puso metafísico y, empezó a preocuparle lo trascendental. Quiénes somos, adónde vamos, de donde venimos. Esas preguntas que el común de los mortales, ya con espolones sólo se hace con un brazo sobre el hombro del colega, en un arrebato de cariño de esos que te dan con alguna copilla de más. Esas dudas existenciales que suelen plantearse con los ojillos vidriosos y la lengua estropajosa. Bueno, la mayor parte de la gente común en esas circunstancias, Punset, a todas horas, pero él no entra en el común de los mortales. En esa época, con cinco años, le preguntó a mi padre que, si el Génesis habla de Adán y Eva como los primeros humanos, dónde quedan todos los homínidos... Normal, era de esperar... Zoología, Arqueología, Paleontología, Vulcanología, Geografía física y política, Numismática, Astronomía, Anatomía, Zoología, Mitología, Religión, Filosofía, Idiomas, Arqueología, Historia, y un largo etc, de disciplinas han despertado su interés hasta grado sumo. Cuando le dio por los alfabetos, se aprendió hasta el cirílico, es el colmo.
Verdaderamente. es un auténtico privilegio tener un niño así, nunca te aburres con él, y siempre tiene alguna enciclopedia en las manos, pero no podéis ni imaginar lo agotador que puede llegar a ser cuando tus conocimientos no llegan a satisfacer su continua sed de saber. No sabéis lo que es ir por las pailas de la playa oyendo sus preguntas acerca de la tabla periódica, que si los elementos son puros o si son aleaciones, y si hay de los dos, cuáles son de cada tipo. Y rogándole encarecidamente a su padre que al llegar a casa le deje el ordenador para buscar la escala de Mohs, que para quien no lo sepa, es una escala de diez minerales que se utiliza para medir la dureza de una sustancia. Yo había oído hablar de ella, ahora sé lo que es. Y los que no lo supiérais y estéis leyendo esto, ahora también, esa es la parte didáctica de mi blog... Preguntas sobre la tabla periódica y sobre por qué no se pueden incumplir las leyes de la física son las que me iba haciendo ayer camino de la playa. Es así desde que se levanta hasta que se acuesta. Con tanta pregunta tendría que llevar bajo el brazo una edición de bolsillo del Libro Gordo de Petete (los de mi quinta sabéis de quién hablo) aunque, por la erudición que solicita, creo que se me quedaría corto...
El día que le oí decir Buckminsterfullereno no sabía si era algo de su imaginación (esa es otra, tiene un planeta paralelo del que se ha inventado hasta las dinastías de los reyes y un sistema de monedas y medidas) o si reñirle por decir un taco. Tuve que claudicar, puesto que sí, para los de letras puras o que hace tiempo que han perdido todo tipo de contacto con la tabla periódica, existe ese elemento, lo descubrió un tal Buckminster Fuller.
Todas las madres decimos que tener hijos nos ha enseñado mucho, y es verdad pero, normalmente, se dice en el sentido de los sentimientos, de la sabiduría "humana", digamos. Yo os puedo asegurar que, aunque a veces me hace sentirme exhausta y otras veces, directamente, totalmente frustrada por no poder satisfacer su insaciable curiosidad, sin tirar de internet, yo sí que tengo un profesor en chiquitito en casa. Lo que aprendo con él no tiene precio. Porque encima le gusta compartir sus conocimientos con todo el mundo, aunque no siempre es comprensivo con quien no comparte sus inquietudes, él no puede comprender que haya niños que no estén interesados en la Egiptología, con lo fascinante que es saberse todas las dinastías, hombre por favor, es increíble, inaudito...
Gracias por ser así, no cambies nunca.



