martes, 12 de julio de 2016

Trabajar en un hotel II

Abundando en mis recuerdos del hotel,  comentar que, si bien tan sólo trabajé en la recepción cuatro meses, la cosa dio  bastante de sí. Anécdotas tengo bastantes y de todo tipo. Como el día que una alemana vino a quejarse a la recepción porque  estaba nublado y le habían garantizado en su agencia que aquí siempre estaba soleado, a lo que respondí intentando hacerle entender que en España necesitábamos el agua de lluvia, entre otras cosas, para lavarnos y  que tenía que llover (no sé si es que allí se bañan en cerveza y por eso están todos tan rubitos...) O el día que vimos a un alemán paseándose en calzoncillos por la recepción. Pero no unos boxer de esos de Calvin Klein, que pueden pasar por un bañador, a unas malas, no, sino unos de esos de abuelete, blancos de algodón y con abertura. No vayáis a creer, no me fijé en sí tenía palominos, la visión ya de por sí fue bastante traumática, porque no era Brad Pitt, precisamemte (supongo que se le olvidó o no quiso gastar dinero en un bañador y decidió irse así a la piscina). Muy bueno también cuando las ancianas alemanas tenían el detalle de regalarnos las sobras de sus bolsitas de picnic, o sea, algún yogur recalentado, algún panecillo chicloso o, ya con gran suerte un kiwi entero. Todo auténticas delicatessen. La primera vez creí que me lo daba para tirarlo a la basura, pero por sus gestos comprendí que se sentía supergenerosa dándomelo, debía creer que el sueldo no me daba ni para comer. Mira que no sentirme agradecida... ya sabemos que en toda Europa España viene a ser como el norte del Magreb, más o menos...
O cuando vino un grupo de golfistas -que no golfantes- irlandeses y comprendí que allí hablan una especie de dialecto del inglés, como los andaluces el castellano o, al menos a mí, me costaba la vida entenderlos. Quizá también porque con los únicos que tuve una auténtica conversación fueron cinco tipos como cinco trinquetes que, tras vaciar la bodega del bar del hotel se fueron a Chiclana a continuar la juerga y volvieron con una melopea como un piano y descalabrados, no sé si por una pelea o porque mantener el equilibrio en su estado era misión más que imposible... y venga a darme la brasa con que les curase las "pupitas" y yo, tiesa como un palo haciéndoles ver que no tenía la más mínima intención de curarles nada y apresurándome a buscar el Betadine y las tiritas para darles un kit de te curas solito y si no, te apañas... Al final, tras varios intentos de subir sus piernas sobre el mostrador para enseñarme las mataduras, se dieron cuenta de que allí no había nada que rascar y me dejaron, pero tengo que reconocer que, allí sola a las cinco de la mañana, pasé bastante miedo. No pasó nada porque, evidentemente, eran inofensivos, sólo iban "a agüita tapá" de alcohol, ahora que... si hubieran tenido malas intenciones, otro gallo hubiera cantado...
En fin, lo que sí puedo decir de esa etapa de mi vida profesional es que aprendí a tener ochenta cosas en la cabeza a la vez para que todo marchara a la perfección ya que, al trabajar por turnos todos nos hacíamos cargo de todo, y nadie era imprescindible. Pienso que en un trabajo si quieres poder irte de vacaciones tranquilo no debe haber nada que sólo puedas hacer tú en exclusiva, las parcelitas de poder no son prácticas,  desde mi punto de vista. Las parcelas... mejor en la Toscana.
También aprendí que, con todos sus defectos los turistas alemanes son, de lejos, infinitamente más simpáticos y agradecidos que los españoles. Lamento decir que el cliente patrio es, con diferencia, el más desagradable, maleducado, exigente y desagradecido que he conocido. Una lástima, pero esa ha sido mi experiencia.
Si bien fue un trabajo bonito y me sentí muy a gusto (de hecho, como me hicieron fija, tal vez seguiría trabajando allí si no hubiera aprobado las oposiciones) lo que más agradezco de esa etapa es que los horarios y el sueldo (la hostelería no está pagada en España) me empujaron a preparar mi acceso a la Función Pública y ya no tuve que hacer más noches con mi termo de té, mi móvil, mi linterna y mi navajita, en plan "comando" (pa verme...)

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