jueves, 30 de junio de 2016

20 euros

El otro día,  mientras pasaba mi tarjeta por ese adminículo infernal -cuya única finalidad es ir adelgazando poco a poco  nuestros ahorros- para pagar mis compras en el Mercadona, con el carro cargado hasta los topes y dos bolsas colgadas del antebrazo (para compensar la carga), me acordé de aquella reflexión que hacía días atrás y que, -misterios de la tecnología-, se me borró y no pude recuperar.  Cuando veáis contra quien va mi invectiva podréis llegar a la misma conclusión que yo: el escrito  me lo borraron  los "Espías del Capital" para que no levantara la liebre.  El texto en cuestión abordaba el tema del pago con tarjeta en las tiendas que ahora no te exige ni pin ni firma, ni na de na, siempre que su importe sea de hasta 20 euros. 
¿Qué mente preclara ha ideado este sistema?
Supongo que alguien para quien 20 euros son una cantidad ínfima, alguien que no pasa la última semana del mes con ese dinero en la cuenta, ni tiene que dejar a sus hijos en el comedor del colegio para que, al menos, tengan una comida decente al día, ni creo, por supuesto, que se trate de una viuda o unos abuelos cuya pensión sirve de sustento a, por ejemplo, una hija en paro, un hijo separado y dos nietos en edad escolar. No creo. 
Bien es cierto que, en este mundo de prisas, de facilidades y de enaltecimiento de la comodidad, cuando vamos cargados hasta los dientes, con los niños chillando al lado, locos por llegar a nuestra casa, lo que queremos es terminar pronto y, cuanto más nos lo faciliten, mejor. Sin embargo, me parece un contrasentido que, en ese mismo mundo donde la tendencia es también a alcanzar los más altos estándares de seguridad, se permita detraer cantidades, digamos "pequeñas", sin ningún tipo de control. Porque, a ver, ¿quién me asegura que, a la vuelta de la esquina no va a esperarme un "amigo de lo ajeno" para robarme la cartera? O que, con el ajetreo de recoger las bolsas de la compra, impedir que los niños se tiren un stand de botellas de aceite encima o atender la llamada de mi marido que me recuerda que tengo que pasar por la farmacia, no me voy a dejar la tarjeta en la rampita donde se ponen las compras... En ese caso, el "amigo de lo ajeno" ni siquiera necesitará tomarse la molestia de darme un tirón, le bastará con llevarse la tarjetita y rezar por que tarde en darme cuenta de que la he perdido y denunciar el robo. Con suerte tardaré un poco y, 20 a 20 euros puede ir desvalijándome, eso sí, con la trabajera de hacerlo en pequeñas cantidades. 
En definitiva, que los guardianes de nuestra seguridad monetaria, en plena crisis, se lo han puesto muy fácil a dichos individuos para dejarnos la de Ubrique más seca que el ojo de un tuerto, siempre que sea "de a poco".
Recuerdo cuando se empezó con esto del pago con tarjeta: al principio te exigían firmar y mostrar el D.N.I., para cotejar la firma, todas precauciones eran pocas. Entonces su uso no estaba extendido. Con el tiempo, algunos fueron dejando de solicitar la exhibición del carné. Y cuando yo, indignada, preguntaba, "¿por qué no me lo pide?", el vendedor en cuestión me contestaba: "Me fío de Vd.", a lo que yo respodía: "¿Y si yo he robado esta tarjeta e imito la firma de su titular?". Seguían diciendo lo que dice mi marido cuando -cosa muy típica del sexo masculino- no quiere preguntar qué dirección tomar para llegar al destino en una ciudad desconocida-: "pregunta tú" porque dice que es que tengo "carita de buena". No te giba... Ni que los ladrones fueran con el delito pintado en la cara... 
Luego se puso lo del pin, que ya facilitaba más los hurtos, pues basta una mirada de soslayo para adivinar la combinación que, cual "ábrete, Sésamo" da acceso a todos nuestros ahorros. Hoy en día ese sistema sigue en vigor, para compras de más de 20 euros, con lo que si te ven el pin y te dejas la cartera, "hasta luego, cocodrilo" y da igual si la cartera es de piel de avestruz, y no de reptil, te la vacían igual. Además este sistema del pin está provocando abundantes tortícolis y estrabismos en los compañeros de cola, de desviar el cuello y la vista para que no parezca que quieres mirar el pin de marras. No lo neguéis, que lo hacemos todos... 
Pero bueno, lo que me joroba es que, para otras muchas cosas se pongan más y más barreras, cortafuegos, controles, llamadlos como queráis, y nos hartemos de firmar autorizaciones, marcar casillas para permitir acceso a datos, y demás, pero cuando se trata de meternos la mano en el bolsillo, cada vez haya menos garantías. Y nos dirán, "es que son sólo veinte euros".
Que les cuenten eso a pensionistas, parados, desahuciados, viudas y un largo etc... de desfavorecidos para los que 20 euros puede significar la diferencia entre comer y no comer una semana.

miércoles, 29 de junio de 2016

Alas de murciélago

Esta mañana, mientras  me miraba al espejo para peinarme y aplicarme el cacao -único aditivo al que no renuncio por dormir un poquito más- antes de perfumarme y ponerme zapatos, pendientes y reloj y salir pitando para el curro, pude observar que mi cara empieza a manifestar los -¿por cuántos van ya, diez, doce? - signos del envejecimiento: arrugas, flaccidez, tez apagada, manchas... la verdad, no recuerdo cuántos son ni me propongo aprenderlos.
Entonces me he acordado de eso de las alas de murciélago. Yo no conocía ese término, fue mi padre el que tuvo la bondad de ilustrarme al respecto -qué puesto está, ¿eh?, es lo que tiene el leer todo lo que cae en sus manos-. Al parecer es un nuevo término -al menos lo es para mí- que se utiliza para designar esa carne que cuelga de la axila al codo y que se va alargando más y más conforme vamos cumpliendo años. Alas de murciélago. ¿A quién se le habrá ocurrido? No negaré que es bastante descriptivo. Pero ¿por qué a las huellas que va dejando la vejez en la mujer (especialmente en ellas, los hombres no se estropean, Sr  ponen más interesantes...) se las compara con partes de animales? Patas de gallo, piel de pollo (o algo así, por lo visto es el término que han acuñado para los signos incipientes de la celulitis), arañitas vasculares, etc... En lugar de un cuerpo parece que llevemos encima una recova, vamos. Y encima, estamos marcadas como los artículos de los supermercados, porque no olvidéis que alrededor de los labios nos han colocado el código de barras. Qué arte tienen, oye, estos gurús de la cosmética. ¿Cuál será su próxima ocurrencia? ¿Llamar al pellejiyo ese que cuelga de la papada moco de pavo? A lo mejor ya tiene nombre y todo. Quizá hasta se llame así, no sé, no estoy tan al día en esto de la belleza.
En fin, que somos un expositor de casquería (un poco exótica, eso sí, porque en España no abundan las alas de murciélago en las carnicerías).
Pues ¿sabéis lo que os digo a todos? Que me encanta ver el paso de los años en mi piel. Adoro cuando mis hijos acarician  mi frente con sus manitas y me preguntan: "Mamá, ¿qué son esas rayas que tienes en la frente?" Se refieren a las arrugas horizontales, las de cara de sorpresa por jugar con ellos al cucú-taaaa, aunque también las tengo de las verticales, pero esas me gustan menos, porque se me hacen cuando frunzo el ceño. Y de veras espero llegar a tener código de barras y patas de gallo, abundantes, porque dicen que salen de reírse, ojalá acabe tan apergaminada como la momia de Tutankamon. Y, ya de paso, unas enormes alas de murciélago que hayan volado mucho bailando con mis seres queridos antes de emprender el último vuelo. Ya lo dijo Adolfo Domínguez, ese  artista con fobia a la tabla de planchar (mi alma gemela): "la arruga es bella"
Desde luego prefiero secarme al natural cual mojama a pasar por quirófano para acabar como la Barbie, sin arrugas pero con esa expresión prefabricada de sonrisa dolorosa (que los puntos tiran cosa mala). Lo dicho, a envejecer con "orgullo y satisfacción".

martes, 28 de junio de 2016

Compresas para "Batwoman"

Siempre he pensado que quien hace los anuncios de compresas, una de dos, o es tonto de remate o es un machista empedernido, de esos que creen que, por ser mujeres, andamos cortitas de cociente intelectual. Así, nos encontramos anuncios con mucha "pavita flower-power" volando entre nubes y mucha modelo vestida con estridentes combinaciones de colores  haciendo  alguna coreografía insulsa de corte militar mientras alguna voz en off se plantea cuestiones existenciales como "¿a qué huelen las nubes? ".
Anuncios que, en mi opinión, además de insultar nuestra inteligencia, nos hacen un flaco favor a las mujeres, en cuyo día a día tienen pocas oportunidades de pasear flotando entre flores...
Y, por si con los anuncios de compresas, salva-slips, tampones y compresas también, pero de esas para pérdidas de orina no tuviéramos bastante, también somos las mujeres las afortunadas elegidas para promocionar los artículos para el estreñimiento: yogures, pastillas, microenemas y un sinfín de artículos escatológicos que el pudor y el sueño me impiden enumerar.
Sus creadores pueden decir: "los hombres no tienen la regla". Evidentemente. O "los hombres no están tan afectados por el estreñimiento". Vale. Que los hombres no tienen pérdidas de orina ya es más discutible, lo que pasa es que no usan compresas.  Pero bueno, pase también. Pero que me digan, como he oído alguna vez, que es que el cuerpo de la mujer es más bonito que el del hombre para aparecer en ciertas situaciones, es el colmo. El que dice eso está pensando en el público masculino que se alegra la vista ante el televisor u hojeando revistas en la barbería. Yo le garantizo que a la mayoría de las mujeres nos alegra más ver un cuerpo masculino. De verdad.
Pero si, al final, honestamente hablando, es cierto que este tipo de artículos son en su mayoría de uso exclusiva o mayoritariamente femenino: ¡Señores encargados del marketing, por favor, esforzaos en no pintarnos como tontitas enajenadas o consumidoras de LSD!. ¡Hagan campañas de publicidad más inteligentes!. Y así vuestras sufridas compradoras se sentirán más identificadas y, no es que vayan a gastar más, puesto que, nos gusten o no dichos anuncios, no nos queda otra que pasar por el aro, pero al menos no sentiremos que nos toman por lelas. Sería muy de agradecer.
Y, por ende, no tendríamos que encontrarnos con escenitas como la última, que vi ayer y me quedé totalmente patidifusa y preguntándome a qué mente pensante se le habrá ocurrido que a las mujeres nos puede resultar útil que una compresa absorba el flujo bocaabajo... Que yo sepa, salvo algunas excepciones, como algunas que van pisando tres palmos por encima, de puro engreimiento, las féminas solemos andar con los pies en la tierra. No conozco ninguna mujer-murciélago (aunque, por lo visto alguna lumbrerita ha acuñado un nuevo término para denominar otro de los "signos de la edad" en la mujer, las alas de murciélago, mañana prometo hablar del tema, que da para mucho).
Igual es que la campaña va dirigida a Batwoman, como los superhéroes van de incógnito, a lo mejor estamos rodeados de ellos y no nos enteramos, vaya usted a saber...

lunes, 27 de junio de 2016

De lo políticamente correcto

Las ocurrencias de mis hijos son fuente inagotable de reflexión para mí. El otro día, hablando con mi pequeña y explicándole que al día siguiente iría a recogerme al trabajo junto a su padre y sus hermanos, ella me preguntó, muy extrañada, "pero ¿quiénes vamos?" Y yo le respondí: "pues todos, menos yo, nena". Ella, con carita de pena, inquirió: "Y yo, ¿por qué no voy". Le dije: "Que sí, que vais todos menos yo". Repitió: "Pero yo, ¿por qué no voy? ".
Entonces caí. Al decir todos pensó que me refería a los hermanos y el padre, pero no a ella. Le expliqué la ahora antigua norma gramatical que decía que cuando se habla de un grupo variado de personas de ambos sexos, para abreviar, se puede utilizar, simplemente, el masculino. Ella se quedó conforme,  pero yo, no. Lo que se me vino a la mente inmediatamente es: "ya me la han captado". Pensando, como si de miembros de una vulgar secta se tratara, en los partidarios de ese lenguaje tan políticamente correcto como gramaticalmente absurdo.
Anoche, en la tele, viendo los discursos post electorales tuve una buena ración de "todos y todas", "ciudadanos y ciudadanas", "partidarios y partidarias" y un largo etc.  Menos mal que no llegaron al extremo de "votantes y votantas" (porque, al parecer, aún hay quien no sabe que la terminación "nte" siempre sirvió para ambos géneros, así, se decía "el o la presidente" y punto). No nos riamos, que no sería de extrañar, muchos de los que leéis esto recordaréis aquello de "jóvenes y jóvenas".
Sé que es lo que ahora se lleva, dicen que para que la mujer sea visible. Pero yo os juro que llevo cuarenta años siendo mujer con el lenguaje tradicional y nunca me sentí invisible. Pienso que la igualdad de género tiene que palparse en otras cosas, no en un lenguaje que, para no ser  tachado de sexista, no hace otra cosa que derrochar tinta o saliva, según el modo de comunicarse. Qué despilfarro... (y que conste que sé que yo no me caracterizo precisamente por la brevedad en mis escritos). Debe ser agotador vocal y psicológicamente dar discursos estando pendiente de no ofender a nadie/nadia.
Lo siento, pero me parece una solemne tontería. El día que las madres españolas tengamos las mismas prestaciones por maternidad, desde el punto de vista económico y de permisos, que en los países nórdicos, sin que por ello, además,  peligre ni su empleo ni sus posibilidades de promoción, por poner un ejemplo; cuando los sueldos en las empresas privadas sean efectivamente los mismos para hombres y mujeres sin camuflar diferencias salariales a través de distintas denominaciones de los puestos de trabajo (ejemplo: limpiadora vs. cristalero en la hostelería), por poner otro ejemplo, entonces tal vez hayamos alcanzado un poco más de igualdad. 
Tampoco entiendo lo de la paridad. Si hay más hombres válidos para cubrir un puesto, sea, pero que si hay más mujeres,  éstas tengan exactamente las mismas opciones que ellos. Es decir, que no pongan a ineptos (o ineptas) en puestos de responsabilidad sólo para que haya el cincuenta por ciento de cada sexo. Debería ser cuestión de capacidad, preparación y mérito. Seguramente nos iría mejor. Menos mal que, en lo que al lenguaje se refiere, la Real Academia de la Lengua, en su loable misión de limpiar, fijar y dar esplendor, está empezando a entrar en razón, -para mayor abundamiento, leed el artículo más abajo-, porque creo que esto ya se nos está saliendo de madre, ¿no?
No creo que  la igualdad sea cuestión ni de lenguaje ni de cuotas (o cuotos, no se me vaya a ofender alguien).

https://laverdadofende.wordpress.com/2016/06/22/la-real-academia-advierte-y-le-pone-fin-al-todos-y-todas-ciudadanos-y-ciudadanas/

domingo, 26 de junio de 2016

Bendita Inocencia

Anoche estuvimos de aventura con los niños en el jardín botánico de San Fernando. Había una actividad de búsqueda  nocturna de camaleones. Sé que, por lo peregrino, puede parecer que me lo estoy inventando, pero no es así. Y, por cierto, que me resultó muy divertido andar por la noche con  la sola iluminación de las linternas (y esa odiosa contaminación lumínica de las ciudades que cubre el cielo de un velo rosado, sobre todo, como era el caso, cuando está nublado). También me gustó tener un camaleón en la mano. Una sensación curiosa. Los niños creo que se divirtieron y, sobre todo, me encantó encontrarme a una amiga de toda la vida a la que hacía demasiado tiempo que no veía. Tú también me tienes ahí al lado para lo que quieras.
Pero lo que quería compartir, además de recomendar la actividad a todos los que tienen niños, si la repiten alguna vez, es lo que me pasó con mi hija de camino al Jardín. Iba dándome su manita, muy mona ella, con sus pantalones tobilleros de florecitas, su camiseta con una mariposa preciosa en tonos pastel y su lazo rosa, toda perfectamente conjuntada. Con su carita de princesa... Pa comérsela, vamos. Íbamos cantando las dos algo de la banda sonora de Frozen, como siempre, no cambia el disco ni aunque la maten,  tengo cada palabra grabada en el córtex cerebral, se ha ido filtrando a través del cráneo cual tortura medieval (esa de la gota que iba cayendo a modo de estalactita en la cabeza hasta que la taladraba), ríete tú de Torquemada. Pues en esto que se detiene para soltarme, alto y claro,  las siguientes palabras: "Mamá, espera, que voy a tirarme un peo".
Ahí queda eso. Toma ya... Qué fina, mi niña. Azorada, me apresuré a decir: "Qué vergüenza... niña, eso no se dice. Si tienes ganas, no hace falta que lo publiques a los cuatro vientos, hombre, por favor". Dos veinteañeros que estaban al lado se hartaron de reír (no era para menos). Otro super poder de estos angelitos: ponerte en ridículo.
Todo esto me lleva a cuestionarme esa máxima, muy de peli americana, de que pasear con niños ayuda a ligar. Será a los hombres, porque si yo llego a ir con esa intención que, obviamente, no, imaginad la situación... sin comentarios. Ay, mi niña, ¿cuanto le durará esta frescura,  esa espontaneidad que sólo la inocencia puede dar? No lo sé, sea mucho o poco, a mí me parecerá un pestañeo y siempre me parecerá que ha sido demasiado corto, aunque en esta ocasión consiguiera sacarme los colores.

sábado, 25 de junio de 2016

Living la dolce vita.

Hoy al alba estaba plácidamente durmiendo en mi camita, sólo molestada por la charla nocturna de mi hijo el mayor, alguna tos de mi hija y la llamada del peque para su toma de madrugada. No iba en el bus. No iba al trabajo. A primera vista puede parecer que mi jornada, al no ser laboral iba a ser un remanso de paz. Nada más lejos de la realidad porque... Me acosté y me levanté con el firme propósito de ESTRENAR LA PLAYA. Y, contra todo pronóstico, lo hemos conseguido. Aquí estamos, con lo básico, cinco toallas, dos sombrillas, una silla, una hamaquita, bolsa térmica para las bebidas, cremas para todos, Kleenex, las llaves de casa, las del coche, tres euros, gorras, gafas de sol, ropa seca, los móviles y una pelota. Lo justito para pasar dos horitas sin mayores contratiempos. Lo justo, digo, porque hoy nos faltan tres sillas, la nevera, más dos bolsas de juguetes, dos bolsas de playa (hoy viene todo en una de esas de adas grandes del Carrefour, gran descubrimiento mío del año pasado, fruto de la misma urgencia de hoy), las gafas de bucear, la tablita de corcho, peines para todos, toallitas húmedas y algún pañal de repuesto. Total, cuatro cositas de nada. Detallitos sin importancia que hacen más confortable una jornada playera. Aquí estoy, escribiendo plácidamente tras, aproximadamente, veinte interrupciones -la niña tiene frío, se le caen los mocos, el peque vuelca la hamaquita, intenta comer arena, tiene hambre (a sacar la teta), mi marido no encuentra la crema...- Aaaaaaah, disfrutar de la playa... ¡qué placer! La playa con familia numerosa: todo comfort, todo relax, todo glamour. Me siento, más o menos como la modelo del anuncio ese entre los farallones de Capri, con Pavarotti cantando "Parlami d'amore, Mariu" de fondo. Sólo que estoy observando que mi ombligo, tras tres embarazos parece un pergamino... Bueno, ¿para qué nos vamos a engañar? Más bien recuerdo a la chirigota del Selu, la de las Maris en La Caleta, "Ahora sí que se está bien aquí", creo que se llamaba. Al menos, vocifero igual... Sólo me falta el bingo y la celulitis (todo se andará)

viernes, 24 de junio de 2016

Y fueron felices, y comieron perdices ( y a mi no me dieron, porque no quisieron...).

Me parece que el teclado de mi móvil está secretamente patrocinado por la Disney. Sí, sí, palabrita. Sé que es difícil de creer, que parece hasta "conspiranoico", pero no. Cuando me explique me daréis la razón. Es de todos conocida la habilidad de esos teclados por sobreentender que todos somos barrocos y rocambolescos a la hora de escribir, y así te pone, en lugar de "que", "quiote" (que no sé que será, si es que existe), "bonoloto" por "bonito" (aunque eso es más bien una cuestión de telepatía porque a todos nos parecería bonito que nos tocara), "puré" en lugar de "por", "cátaro" por "canario", etc., etc., etc. Pues bien mi querido teclado tiene la adorable manía de ponerme, cada dos puré tres, perdón, por tres, la agorera palabra de "moriré". Que es algo que sé, evidentemente, que no está mal que nos lo recuerden de vez en cuando para disfrutar más de la vida, por descartado, pero hombre, que esté metiendo el dedo en la llaga constantemente ya pasa de castaño oscuro. Y diréis, no faltos de razón: "¿qué tiene eso que ver con la Disney?" Pensadlo. ¿En qué tipo de películas se cargan indefectiblemente a las madres, en las primeras secuencias o se ahorran ese personaje presentando a los protagonistas directamente como huérfanos? ¡Bingo! La Disney. Y no creáis, padres, que estáis libres del todo. No. También hay algún que otro caso: el Rey León, la Cenicienta... pero, reconozcámoslo: siempre tenéis más escenas y, a la hora de sembrar en el patio de las malvas las mamás nos llevamos la palma: Blancanieces, La Bella y la Bestia, Bambi y un largo etc. Y, si bien es verdad que se basan muchos de ellos en cuentos clásicos, en los que la madre la palma en la primera página, lo malo es que también lo hacen con las historias modernas. Mirad "Buscando a Nemo". Ya es pura inquina, vamos, porque bien podrían buscar al pececito de marras los dos padres o la madre sola, joder. Además, ni siquiera nos dejan el consuelo de que una buena mujer nos los cuide cuando nos largan "pal otro barrio". No. Los dejan a cargo de pérdidas malvadas que embaucan a padres "pelele". He de decir en su favor que, quizá nos matan a nosotras pensando que si nos dejaran con vida aniquiliaríamos el hilo argumental porque no nos casaríamos con pérfidos padrastros. Igual es un halago a nuestra inteligencia. Pero digo yo que, ya fastidian toda la función didáctica o ejemplificante que sus autores quisieron imprimir a dichas historias, en aras a que los niños no se nos traumaticen con un final infeliz o para aumentar el consumo de perdices, vete tú a saber, bien podrían modificar un poquito la historia y dejarnos vivitas y coleando alguna vez, que, por lo que se ve, darnos matarile en los primeros diez minutos no les traumatiza, pero que el príncipe se case con la princesa y la Sirenita se convierta en espuma de mar, sí. No te giba...

jueves, 23 de junio de 2016

¡¡¡¡¡Otra vez con ondas surferas!!!!!

Otra vez voy con ondas surferas y, de nuevo, por fin, al despuntar el día. El motivo de mi trabajado peinado de hoy es la jornada intensiva que tuve ayer. Todo el día volcada en el fin de curso de mis pequeños. Por la mañana conseguí, a base de Dalsy y Apiretal que mi niña asistiera a la fiesta de su cole (cualquiera se la dejaba en casa, menudita es la pimienta...) y allá que fuimos los cuatro disfrazados de turistas a la Gymkana de despedida del curso. En el cole de mis niños los papás no juegan al golf, ni se van de vacaciones a Tailandia (mejor, que para olas, el surf de Tarifa, Virgencita, que me quede como estoy), ni llevan los últimos modelitos de Dolce & Gabbana. Las excursiones se inventan para que el coste sea el mínimo y todos o casi todos los padres se lo puedan costear y, así, se improvisa una excursión "descubriendo los medios de transporte la Bahía" y por 10 euros tienes a los niños más contentos que todas las cosas visitando el aeropuerto y montando en bus, en tren y en catamarán. Del mismo modo, y por múltiples motivos no se hace una fiesta de fin de curso al uso, sino una gymkana familiar, por lo que las madres no vamos con tacones y de peluquería, sino más bien con tenis y visera. No negaré que me haría ilusión ver a mi niña haciendo su bailecito porque, aunque el amor me ciegue, los que la conocen pueden dar fe de que estaría sembrá... No puedo decir lo mismo del mayor, que ha sido tocado con muchos dones pero, desde luego, no con el del baile, su estilo es más bien a lo Cantinflas... Pero, aunque pasé calor, me dieron las tantas el día anterior ultimando el "tipo" (pancarta, tarjetas identificativas como las que llevan los turistas colgadas del cuello, etc...) y llegué a mi casa agotada, sudada y a lo justo para hacer la comida, dar de comer a mi bebé y prepararme al estilo de moda, "causal" para ir a la primera audición de piano de mi niño - me lo como- mereció la pena compartir la mañana con tres de las personas más importantes de mi vida (en casa me dejé a la otra, a mí pequeñín): mi marido y mis dos niños mayores para que estos últimos disfrutaran de una jornada festiva sin más pretensiones que divertirse junto a sus compañeros y sus familiares. Felices vacaciones, pequeños superhéroes, vuestro mayor superpoder estriba en hacer que todo nuestro esfuerzo y nuestro trabajo se vean recompensados con esa chispa de felicidad en vuestros brillantes ojitos.

martes, 21 de junio de 2016

Superhéroes vs Supervillanos.




Seguimos yendo tarde. Estos niños... Pueden llevar todo el trimestre aguantando el tirón, sin ponerse malitos y llegar el día de la fiesta del cole y coger un fiebrón de esos que llenan el termómetro. También son capaces de programarse para impedir la realización de cualquier plan que nos propongamos. Como un estado febril que dura exactamente tres horas, justo lo imprescindible para que no puedas ir a un concierto -o que te tengas que volver una vez allí, incluso cuando el concierto lo das tú-... Debe ser una especie de superpoder. Como el de dejarte por mentirosa. Frases como: "Mi niño nunca come chucherías", "A mi niño no le gusta el queso", "Mi niña es un bicho, no para quieta ni un momento" retumban en tu cabeza cual tamtam indio mientras se te van subiendo los colores viendo a tu niño con un bocata de cabrales en una mano y un caramelo en la otra y a tu niña tranquilamente sentada haciendo un dibujo. Entretanto se agolpan en tu cabeza recuerdos de tu querido niño habiendo arcadas cuando le dabas a probar una piruleta con la intención de que las probara contigo antes de que lo hiciera solo o en el cole, o de tu niña, la tarde anterior abriendo el tapón de un envase de esos que desinfectan y dan color y olor al agua del inodoro y poniéndolo todo azul, o intentando sacar un protector de enchufe, o subiéndose a un banquito para alcanzar a saber qué... y tú, que antes sólo chillabas en contadas ocasiones, ya no es que grites, no, lo tuyo es puro berreo. A veces hasta llegas a plantearte si ese sonido ha salido de ti... Pero esa misma niña a la que no puedes dejar ni un segundo sola, que cada vez que te das la vuelta y sientes eso tan extraño, eso que sólo existe en tu hogar de madrugada: el silencio, es porque algún plan malévolo está ideando, esa misma que no te responde cuando empiezas a llamarla y que, de pura concentración, pega un respingo cuando la encuentras.
Esa niña, cuando la dejas con alguien sola, se porta cual angelito de Machín, y después tienes que aguantar ese fastidioso comentario: "hija, no sé de qué te quejas, con lo buena que es tu niña..." Niños, superhéroes dotados de los más peregrinos superpoderes que traeis de cabeza a vuestros padres como maltrechos supervillanos, nos vemos las caras en la próxima viñeta.



lunes, 20 de junio de 2016

Yo, de mayor, quiero ser Meryl Strip

Muy buenos días. Hoy voy más tarde. Ya ha amanecido, es tal mi falta de costumbre que hasta llevo puestas las gafas de sol. No es que se me hayan pegado las sábanas, es que mi niña ha amanecido malita 😢😢😢 y me ha tocado dejar al mayor en el cole antes de irme al tajo para que la enfermita y el benjamín no tuvieran que salir.  Tiene un fiebrón de esos de garganta,  las madres entenderéis perfectamente de lo que hablo.  Pero no es sobre los problemas de logística que agobian a las madres trabajadoras de lo que quiero hablar, sino de la hermosa profesión de actor/actriz -seamos políticamente correctos/as-. Anoche, a las tantonas, cuando conseguí sentarme en el sofá (para doblar ropa, no creáis que para flojear, la ociosidad está hipervalorada, donde se ponga una buena pila de ropa para organizar que se  quiten  baños de burbujas, tumbonas y daiquiris) estaba terminando en la tele la peli musical Mamma mia, peli que, dicho sea de paso, me encanta. Y pensaba yo, qué guapos son todos, qué bien me lo pasé la primera vez que la vi... aunque tengo que reconocer que  esa vez no conseguí verla entera, porque mi querido hijo el mayor, el del hockey, que entonces no tenía ni un añito, hizo sus necesidades por el filito del pañal, y como estaba sentado en el sofá, podéis imaginar que más bien vi la tapicería, las toallitas húmedas y el Febreze... Qué mono, él...
Bueno, que me desvío. La cuestión es que ese grupo de actores y actrices tan bien seleccionado (muy buen casting) además de hacernos pasar un buen rato, lo cual ya es de agradecer, sobre todo si antes has visto el telediario, nos alegran la vista y, encima ¡cantan bien!.
Adoro a Meryl Strip. Lo mismo te hace sacar la caja de Kleenex que te hace partirte la caja de risa.  Encima ha sabido envejecer con elegancia. Olé por ella. Y lo dicho,  hasta canta bien. Es que todos en ese reparto son agradables de oir, excepción hecha de mi adorado Pierce Brosnan, que no pasará a los anales de la historia por su voz pero, es que es tan absolutamente irresistible desde todos los puntos de vista posibles, que se lo perdono. Y ese Colin Firth, tan impecable siempre, tan british él... me encantan. Qué bonita debe ser esa profesión. Alguien dijo una vez: escoge un trabajo que te guste y nunca tendrás que trabajar.  Gran verdad. Ese, desde luego,  no es mi caso. Aunque preferiría tener que desplazarme con el equipo de grabación a rodar exteriores a la Provenza o pasar por peluquería y maquillaje o probarme el último modelito de Valentino para pasearme por la alfombra roja -qué dura, la vida del  actor, no me extraña que algunos se quejen- yo sí tengo que trabajar, me espera una montaña de expedientes, así que os dejo. Pero que conste que me gustaría ser actriz, pero no una cualquiera, no, una de mis más admiradas: yo, de mayor,  quiero ser Meryl Strip.

Amigos de Facebook, os presento mi Blog.

Al Alba, Camino nace para evitar que después de llevarme media hora dándole al dedo en el teclado del móvil, por problemas de la tecnología, se me borre todo lo recién improvisado, y también, ¿Porqué no decirlo?, me picaba desde hace tiempo el gusanillo de tener mi propio blog. Siempre me gustó escribir, aunque sólo hace bien poco he sido consciente de ello.
Al Alba, si los "chismes con teclado" lo permiten, nos vemos en el Camino.

domingo, 19 de junio de 2016

¡Manda caracoles!


Desde luego, lo que se hace por un hijo, no se hace por nadie. Yo, que suelo levantarme antes de que se pongan las calles, para ganarme el pan, vamos, no vayáis a creer que es por gusto, (que si me hubiera tocado la lotería, disfrutaría más bien de los atardeceres bajo el sol de la Toscana) aquí voy, esta radiante mañana de sábado, de camino a Benalmádena porque mi niño el mayor tiene un campeonato de hockey. No de baseball, ojo, pero como si lo fuera...
No sé si recordáis un anuncio, no sé de qué, que comenzaba con un niño al que su padre, papel que encarnaba Antonio Resines, no había ido a animar en no sé qué partido. Y el niño, muy traumatizado, por supuestísimo, exclamaba: "¡Caracoles!"... Como en las películas americanas, esas que te pone Antena 3 en la sobremesa los fines de semana, basadas en hechos reales, muy lacrimógenas ellas, patrocinadas por Kleenex... No recuerdo lo que decía Resines, pero yo me vi reflejada en esa escena, cual dejá vu (la verdad es que no sé si se escribe así, para qué nos vamos a engañar). Mi hijo no mencionó al viscoso animal, más bien dijo: "Jopé" cuando intenté hacerle entender que era una paliza, que había que madrugar mucho, que sus hermanos no iban a aguantar cinco horas en el campo de hockey, dargán que yo estaba muy cansada, que era el único día que podía dormir un ratito más y que ya habría más campeonatos. Pero su carita de pena y, sobre todo, su apesadumbrada conformidad y estoicismo me tocaron el corazón y, después de haberle dicho que no, y de que saliera de casa dispuesto a comunicar al entrenador que él no podía ir, rápidamente pensé en un plan alternativo para que el día fuera un poco más soportable y no nos hiciera volver a mi marido y a mí con los papeles del divorcio: dejar a la niña con los abuelos y llevarme a los dos niños, el chico porque tiene que ir donde vayan mis tetas y el mayor por razones obvias. Así que he dormido un cuartito de hora más (hoy me he levantado a las seis), hemos liado el petate y aquí voy con más sueño que una espuerta de gatos chicos oyendo la incesante verborrea de mi niño, -no sé a quién habrá salido- cruzando los dedos por que el chico sepa apreciar las delicias del potito de ternera que le llevo (no ha probado ni uno hasta ahora, se los hago yo y los congelo), no vaya a darme la serenata y rezando por que se me alivie el dolor de espalda que tengo desde anoche y el de cabeza que me está entrando... Todo en aras a que el niño, cuando se haga mayor -ya sé que no me lo va a agradecer ni lo hago esperando que lo haga, de hecho, la semana que viene ni se acordará-, por lo menos, no termine yendo al psicólogo que, con acento argentino, tras varias sesiones de terapia llegue a la conclusión de que todo empezó cuando su madre frustró sus aspiraciones deportivas por no llevarlo al campeonato de marras, ¡caracoles!...

Experiencias auditivas, visuales y anímicas espeluznantes, de las que erizan los vellos de la nuca.


Hoy no sé si empezar agradeciendo a dos de mis amigas de Facebook el llamar mi atención sobre un nuevo video de YouTube o si plantearme si de verdad son mis amigas o me aprecian un poquito, al menos. Porque yo vivía feliz en mi mágico mundo de colores, ajena a la existencia de "ese video" hasta que lo vi, picada por el aguijón de la curiosidad, y alentada por mi marido, al que supongo a estas alturas arrepentido también de haberlo buscado. Me siento muy culpable por meterme con la pobre Florence Foster-Jenkins, habría que replantearse el ranking. Seguro que en el mundo digital hay muchos que la superan -la osadía no conoce límites-, este personaje al que me refiero, sin ir más lejos. ¡Ah! ¿Que no he dicho de quién se trata? De Leticia Sabater. Sí, sí, la de "mucha marchaaaa". A quien se le diga que ese fantoche empezó su "¿carrera?" enfocada al público infantil... Ya era horripilante entonces, pero es que va en picado, vamos. Yo siempre les digo a mis niños que no hay que tenerle miedo a nada; pues bien, Celia, Trini, queridas amigas: habéis conseguido que me acostara con miedo a las pesadillas, con la puñetera "¿salchipapa?"... Está visto que no me queréis bien...
Aunque, si lo miras bien, esta mujer es, en realidad, una campeona. Coronaría varios rankings, incluso sin proponérselo. A la peor cantante, a la peor vestida, a la más hortera, choni, con pinta de putón verbenero, y un largo etc. Lo más lamentable y patético que he visto en mi vida, vamos. Estoy segura de que deja secuelas psicológicas (he oído que la va a fichar la C.I.A. para sus interrogatorios, es mucho más efectiva que un lavado de cerebro).
Encima dura cuatro largos minutos y pico. Debería llevar la advertencia: "Puede herir su sensibilidad" previa a su visionado. Porque ahora ¿quién me indemniza a mí ese sufrimiento?
Pero lo verdaderamente triste, y en esto sé que coincidireis conmigo, es que, aunque yo no volveré a verlo voluntariamente, no habrá quien me libre de oírlo en terrazas, coches a todo volumen, bares, tiendas, chiringuitos, saliendo de las casas... por doquier. Lo patético no es que haya seres como ella, haciéndonos a las mujeres burdo objeto sexista, carne de proxeneta, lo realmente perverso del tema es que haya tanta gente, y lo peor de todo, tanta mujer dispuesta a corearlo. Otro paso atrás en el buen gusto y en la lucha contra esa visión de la mujer-objeto, chicas. Gracias, Leticia, podías haberle ahorrado al mundo tamaña aberración.

Experiencias auditivas espeluznantes.


El otro día me dio por escuchar bandas sonoras de pelis en el YouTube. Lo bueno de estas listas de reproducción es que no tienes que estar cambiando el cd y tienes música para aburrir y de todo tipo. Pero tiene dos cosas malas: que de la publicidad no te salva ni la Trinidad y que a veces, entre cantantes reputados se te cuela algún aficionado con un montón de pasión interpretativa pero con dos suelas de alpargata por oído musical. Y tú, que un segundo antes estabas a punto de alcanzar el éxtasis oyendo a alguna de las voces más prodigiosas de la historia, de repente, sin anestesia, oyes una especie de graznido y piensas: "joé, qué dolor de oídos se me ha levantado, hasta los cantantes pueden tener un mal día". Pero cuando semejante cacofonía alcanza niveles de chirrido industrial ya caes en que canales como el YouTube han dado altavoces a quien antes tan sólo desafinaba en la ducha. Oye, que está muy bien, que no es que yo lo censure. Que dar rienda suelta a la expresividad artística es sano -para el que se expresa, claro, no siempre para los tímpanos del oyente-. Lejos están los tiempos de la represión y el imperio del sentido del ridículo y el buen gusto. Eso está demodé. Ya no es como en tiempos de Florence Foster- Jenkins, la mujer que tiene el dudoso honor de ostentar el título de "peor cantante de la historia". Para quien no la conozca recomiendo la audición de su versión de "La Reina de la Noche". Inenarrable. Sus alaridos son espeluznantes. En su momento fue una dama montada en el dólar que, gracias a su posición social, dio conciertos e incluso pudo costearse un disco, y contratar a un pianista cuyo mayor mérito consistió en ser capaz de adaptarse a los continuos cambios de ritmo y dinámica que exigía la calidad interpretativa de la señora. Una perla de la discografía, oiga. Hoy en día, en cambio, hubiera sido trending-topic. Se hubieran reído de ella igual, pero a lo grande, en masa, y le hubiera salido gratis. Una lástima. En definitiva, cantantes amateurs (desafinantes, claro está, que no todos lo son, afortunadamente lo que abunda es lo contrario) y, ya de paso, profesionales tipo Florence, o sea, con mucha pasta para financiar sus desatinos musicales, por llamarlos de alguna manera y muy poco gusto interpretativo, por favor, expresaos, que está muy bien,yo os aplaudo pero, por favor, no maltratéis a nuestros oídos, colgadlo en Internet si queréis, pero para vuestros amigos, en redes cerradas, apiadaos del resto de la humanidad y, de la música, de paso, por caridad cristiana.

Los misterios de la tecnología y yo II.


Abundando en el tema de las telecomunicaciones, el otro día, durante un acto religioso, tuve la oportunidad de sorprenderme una vez más. Y lo digo porque la capacidad de asombro, el apreciar lo inesperado es una cualidad que nos vuelve un poco niños, y ver la realidad con ojos de niño es, hoy en día, en un mundo donde parece que todos los adultos estamos de vuelta de todo, un auténtico milagro. Y mi sorpresa consistió en ver a una señora de, probablemente, 80 años largos, enviando un what's app con un móvil igual que el mío, hasta la misma funda tenía, vamos... No sé si estaba comentando el soporífero sermón o si estaba organizando una macro quedada, todo puede ser. Y no veas el arte que se gastaban esas arrugadas y venerables manitas. Eso es capacidad de adaptación y lo demás es tontería. Todo lo que sea mantenerse al día bueno es, por supuesto. Seguro que hay estudios que relacionan el uso de las tecnologías con la prevención o mejora del Alzheimer. Pues esta abuelita oía digo yo que, en ese aspecto, no tenía nada que temer. ¡Olé las abuelas a lo Bill Gates! (lástima que sus ingresos no se parezcan también). Qué no hubieran hecho estas superheroínas de haber tenido estos medios en su época. Pero... ¿Por qué digo su época como en pasado? Su época es hoy y su mérito consiste en haber sido y seguir siendo mujeres de su tiempo, que lo mismo te cogen la cazuela de barro que te hacen una paella en la Thermomix. De haber contado con tantos adelantos hasta dónde habrían llegado... Igual esa adorable ancianita de brillante, aunque nevada cabecita hubiera podido ayudarme a rescatar mi mensaje...

Los misterios de la tecnología y yo.


Ya sé que mi publicación de ayer fue críptica, hermética, sintética e incluso, para seguir con la rima, patética. Pero todo en esta vida, hasta lo que escribo, tiene su explicación. Me había explayado en una extensa parrafada de esas mías, en plena efusión reivindicativa, cuando -misterios de la teocnlogía- me apareció un mensajito que me sugería guardar lo escrito como borrador para publicarlo más tarde y yo, que ya me tenía que bajar del autobús y empezar en el tajo contesté que sí. Craso error. No sé dónde puñetas lo habrá guardado el Facebook, he buscado y rebuscado y en el intento de rescatarlo, va y me publica una jota. Sí, sí, pero no un canto regional tipo "la Virgen del Pilar diceeeee", sino una "j" consonante, que bien podría ser la inicial de ¡joder!, que es, precisamente, lo que estaba pensando en esos momentos. Y ahora me surge la pregunta del millón. ¿Por qué me sugirió este chisme que no escribiera más y lo dejara para más tarde? ¿Es que acaso osa insinuar que me enrollo más que una persiana? ¿Es que mi jefe me ha puesto un espía digital en el móvil para que no me atreva a dar rienda suelta a mi verborrea digital en horas de trabajo? ¿O será acaso una confabulación mundial en contra de los mensajes largos? Ojuuuu, que me estoy calentando... Que empiezo a desbarrar... Dejémoslo ahí. La cuestión es que mi mensaje se quedó en el limbo de la telecomunicación, nunca mejor dicho, muerto antes de nacer, el pobrecillo, y mis ansias de expresión frustradas cual "coitus interruptus". Mi gozo en un pozo.

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De: CaminoalAlba

De cómo ir a la moda sin proponérselo.


Te levantas, mucho antes de despuntar el alba, te miras al espejo y esas dos canas cortitas y crespas, tipo Filemón Pi, te saludan. Sí, sí, esas mismas que se yerguen orgullosas e irreductibles en el centro de la raya de tu pelo, avanzadilla de la legión de ellas que se agazapan por las sienes y la nuca, dispuestas a tomar posesión de tu cabeza. Y entonces, mientras legañosa y con paso cansino recorres el pasillo -a tientas para no despertar a nadie- en dirección a la cocina para callar al tigre que ruge en tus tripas, oyes la voz de ese angelito (o demonio, según se mire) que desde tu hombro susurra en tu oído: "tendrías que arreglarte más, que siempre vas hecha un desastre"... Mientras devoras con idéntica fruición la tostada que el suplemento semanal del diario, lees que los pijamas masculinos inundan las pasarelas femeninas y que, si te falta el tiempo para tu "rutina de belleza" no hay nada mejor que tirar de ciertos truquillos como acostarte con el pelo en trenzas para despertarte con el peinado de moda, esto es: las "ondas surferas". Te vuelves al aseo para lavarte los dientes, domar aunque sea mínimamente esos pelos que quedaron como les pareció cuando anoche te acostaste sin secarlos, lavarte, vestirte, perfumarte y pasar una capa de bálsamo labial con color por tus labios, vamos, lo mínimo que se sirve en glamour mañanero y piensas: "qué pobre es mi rutina de belleza". Ya lista para tomar las calles, que están terminando de ponerse, te vuelves a mirar al espejo, ahora del ascensor, ves tú melena, ni rizada ni lisa, sino naturalmente ondulada, y descubres que, sin proponértelo, con el sólo cuidado de la madre naturaleza, llevas el peinado de moda, ya no es que te hayas peleado con los peines, es que llevas ondas surferas... ahí queda eso. Descubrir que tu habitual dejadez capilar este año está de moda no tiene precio y, por cierto, ya que estamos, no estaría tan mal que los pijamas tomarán verdaderamente las calles... así tendría un ratito más para dormir, sin tener que perder esos jugosos cinco minutos en vestirme...