Ya sé que mi publicación de ayer fue críptica, hermética, sintética e incluso, para seguir con la rima, patética. Pero todo en esta vida, hasta lo que escribo, tiene su explicación. Me había explayado en una extensa parrafada de esas mías, en plena efusión reivindicativa, cuando -misterios de la teocnlogía- me apareció un mensajito que me sugería guardar lo escrito como borrador para publicarlo más tarde y yo, que ya me tenía que bajar del autobús y empezar en el tajo contesté que sí. Craso error. No sé dónde puñetas lo habrá guardado el Facebook, he buscado y rebuscado y en el intento de rescatarlo, va y me publica una jota. Sí, sí, pero no un canto regional tipo "la Virgen del Pilar diceeeee", sino una "j" consonante, que bien podría ser la inicial de ¡joder!, que es, precisamente, lo que estaba pensando en esos momentos. Y ahora me surge la pregunta del millón. ¿Por qué me sugirió este chisme que no escribiera más y lo dejara para más tarde? ¿Es que acaso osa insinuar que me enrollo más que una persiana? ¿Es que mi jefe me ha puesto un espía digital en el móvil para que no me atreva a dar rienda suelta a mi verborrea digital en horas de trabajo? ¿O será acaso una confabulación mundial en contra de los mensajes largos? Ojuuuu, que me estoy calentando... Que empiezo a desbarrar... Dejémoslo ahí. La cuestión es que mi mensaje se quedó en el limbo de la telecomunicación, nunca mejor dicho, muerto antes de nacer, el pobrecillo, y mis ansias de expresión frustradas cual "coitus interruptus". Mi gozo en un pozo.
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