lunes, 27 de junio de 2016

De lo políticamente correcto

Las ocurrencias de mis hijos son fuente inagotable de reflexión para mí. El otro día, hablando con mi pequeña y explicándole que al día siguiente iría a recogerme al trabajo junto a su padre y sus hermanos, ella me preguntó, muy extrañada, "pero ¿quiénes vamos?" Y yo le respondí: "pues todos, menos yo, nena". Ella, con carita de pena, inquirió: "Y yo, ¿por qué no voy". Le dije: "Que sí, que vais todos menos yo". Repitió: "Pero yo, ¿por qué no voy? ".
Entonces caí. Al decir todos pensó que me refería a los hermanos y el padre, pero no a ella. Le expliqué la ahora antigua norma gramatical que decía que cuando se habla de un grupo variado de personas de ambos sexos, para abreviar, se puede utilizar, simplemente, el masculino. Ella se quedó conforme,  pero yo, no. Lo que se me vino a la mente inmediatamente es: "ya me la han captado". Pensando, como si de miembros de una vulgar secta se tratara, en los partidarios de ese lenguaje tan políticamente correcto como gramaticalmente absurdo.
Anoche, en la tele, viendo los discursos post electorales tuve una buena ración de "todos y todas", "ciudadanos y ciudadanas", "partidarios y partidarias" y un largo etc.  Menos mal que no llegaron al extremo de "votantes y votantas" (porque, al parecer, aún hay quien no sabe que la terminación "nte" siempre sirvió para ambos géneros, así, se decía "el o la presidente" y punto). No nos riamos, que no sería de extrañar, muchos de los que leéis esto recordaréis aquello de "jóvenes y jóvenas".
Sé que es lo que ahora se lleva, dicen que para que la mujer sea visible. Pero yo os juro que llevo cuarenta años siendo mujer con el lenguaje tradicional y nunca me sentí invisible. Pienso que la igualdad de género tiene que palparse en otras cosas, no en un lenguaje que, para no ser  tachado de sexista, no hace otra cosa que derrochar tinta o saliva, según el modo de comunicarse. Qué despilfarro... (y que conste que sé que yo no me caracterizo precisamente por la brevedad en mis escritos). Debe ser agotador vocal y psicológicamente dar discursos estando pendiente de no ofender a nadie/nadia.
Lo siento, pero me parece una solemne tontería. El día que las madres españolas tengamos las mismas prestaciones por maternidad, desde el punto de vista económico y de permisos, que en los países nórdicos, sin que por ello, además,  peligre ni su empleo ni sus posibilidades de promoción, por poner un ejemplo; cuando los sueldos en las empresas privadas sean efectivamente los mismos para hombres y mujeres sin camuflar diferencias salariales a través de distintas denominaciones de los puestos de trabajo (ejemplo: limpiadora vs. cristalero en la hostelería), por poner otro ejemplo, entonces tal vez hayamos alcanzado un poco más de igualdad. 
Tampoco entiendo lo de la paridad. Si hay más hombres válidos para cubrir un puesto, sea, pero que si hay más mujeres,  éstas tengan exactamente las mismas opciones que ellos. Es decir, que no pongan a ineptos (o ineptas) en puestos de responsabilidad sólo para que haya el cincuenta por ciento de cada sexo. Debería ser cuestión de capacidad, preparación y mérito. Seguramente nos iría mejor. Menos mal que, en lo que al lenguaje se refiere, la Real Academia de la Lengua, en su loable misión de limpiar, fijar y dar esplendor, está empezando a entrar en razón, -para mayor abundamiento, leed el artículo más abajo-, porque creo que esto ya se nos está saliendo de madre, ¿no?
No creo que  la igualdad sea cuestión ni de lenguaje ni de cuotas (o cuotos, no se me vaya a ofender alguien).

https://laverdadofende.wordpress.com/2016/06/22/la-real-academia-advierte-y-le-pone-fin-al-todos-y-todas-ciudadanos-y-ciudadanas/

No hay comentarios:

Publicar un comentario