
Anoche estuvimos de aventura con los niños en el jardín botánico de San Fernando. Había una actividad de búsqueda nocturna de camaleones. Sé que, por lo peregrino, puede parecer que me lo estoy inventando, pero no es así. Y, por cierto, que me resultó muy divertido andar por la noche con la sola iluminación de las linternas (y esa odiosa contaminación lumínica de las ciudades que cubre el cielo de un velo rosado, sobre todo, como era el caso, cuando está nublado). También me gustó tener un camaleón en la mano. Una sensación curiosa. Los niños creo que se divirtieron y, sobre todo, me encantó encontrarme a una amiga de toda la vida a la que hacía demasiado tiempo que no veía. Tú también me tienes ahí al lado para lo que quieras.
Pero lo que quería compartir, además de recomendar la actividad a todos los que tienen niños, si la repiten alguna vez, es lo que me pasó con mi hija de camino al Jardín. Iba dándome su manita, muy mona ella, con sus pantalones tobilleros de florecitas, su camiseta con una mariposa preciosa en tonos pastel y su lazo rosa, toda perfectamente conjuntada. Con su carita de princesa... Pa comérsela, vamos. Íbamos cantando las dos algo de la banda sonora de Frozen, como siempre, no cambia el disco ni aunque la maten, tengo cada palabra grabada en el córtex cerebral, se ha ido filtrando a través del cráneo cual tortura medieval (esa de la gota que iba cayendo a modo de estalactita en la cabeza hasta que la taladraba), ríete tú de Torquemada. Pues en esto que se detiene para soltarme, alto y claro, las siguientes palabras: "Mamá, espera, que voy a tirarme un peo".
Ahí queda eso. Toma ya... Qué fina, mi niña. Azorada, me apresuré a decir: "Qué vergüenza... niña, eso no se dice. Si tienes ganas, no hace falta que lo publiques a los cuatro vientos, hombre, por favor". Dos veinteañeros que estaban al lado se hartaron de reír (no era para menos). Otro super poder de estos angelitos: ponerte en ridículo.
Todo esto me lleva a cuestionarme esa máxima, muy de peli americana, de que pasear con niños ayuda a ligar. Será a los hombres, porque si yo llego a ir con esa intención que, obviamente, no, imaginad la situación... sin comentarios. Ay, mi niña, ¿cuanto le durará esta frescura, esa espontaneidad que sólo la inocencia puede dar? No lo sé, sea mucho o poco, a mí me parecerá un pestañeo y siempre me parecerá que ha sido demasiado corto, aunque en esta ocasión consiguiera sacarme los colores.
Pero lo que quería compartir, además de recomendar la actividad a todos los que tienen niños, si la repiten alguna vez, es lo que me pasó con mi hija de camino al Jardín. Iba dándome su manita, muy mona ella, con sus pantalones tobilleros de florecitas, su camiseta con una mariposa preciosa en tonos pastel y su lazo rosa, toda perfectamente conjuntada. Con su carita de princesa... Pa comérsela, vamos. Íbamos cantando las dos algo de la banda sonora de Frozen, como siempre, no cambia el disco ni aunque la maten, tengo cada palabra grabada en el córtex cerebral, se ha ido filtrando a través del cráneo cual tortura medieval (esa de la gota que iba cayendo a modo de estalactita en la cabeza hasta que la taladraba), ríete tú de Torquemada. Pues en esto que se detiene para soltarme, alto y claro, las siguientes palabras: "Mamá, espera, que voy a tirarme un peo".
Ahí queda eso. Toma ya... Qué fina, mi niña. Azorada, me apresuré a decir: "Qué vergüenza... niña, eso no se dice. Si tienes ganas, no hace falta que lo publiques a los cuatro vientos, hombre, por favor". Dos veinteañeros que estaban al lado se hartaron de reír (no era para menos). Otro super poder de estos angelitos: ponerte en ridículo.
Todo esto me lleva a cuestionarme esa máxima, muy de peli americana, de que pasear con niños ayuda a ligar. Será a los hombres, porque si yo llego a ir con esa intención que, obviamente, no, imaginad la situación... sin comentarios. Ay, mi niña, ¿cuanto le durará esta frescura, esa espontaneidad que sólo la inocencia puede dar? No lo sé, sea mucho o poco, a mí me parecerá un pestañeo y siempre me parecerá que ha sido demasiado corto, aunque en esta ocasión consiguiera sacarme los colores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario