jueves, 30 de junio de 2016

20 euros

El otro día,  mientras pasaba mi tarjeta por ese adminículo infernal -cuya única finalidad es ir adelgazando poco a poco  nuestros ahorros- para pagar mis compras en el Mercadona, con el carro cargado hasta los topes y dos bolsas colgadas del antebrazo (para compensar la carga), me acordé de aquella reflexión que hacía días atrás y que, -misterios de la tecnología-, se me borró y no pude recuperar.  Cuando veáis contra quien va mi invectiva podréis llegar a la misma conclusión que yo: el escrito  me lo borraron  los "Espías del Capital" para que no levantara la liebre.  El texto en cuestión abordaba el tema del pago con tarjeta en las tiendas que ahora no te exige ni pin ni firma, ni na de na, siempre que su importe sea de hasta 20 euros. 
¿Qué mente preclara ha ideado este sistema?
Supongo que alguien para quien 20 euros son una cantidad ínfima, alguien que no pasa la última semana del mes con ese dinero en la cuenta, ni tiene que dejar a sus hijos en el comedor del colegio para que, al menos, tengan una comida decente al día, ni creo, por supuesto, que se trate de una viuda o unos abuelos cuya pensión sirve de sustento a, por ejemplo, una hija en paro, un hijo separado y dos nietos en edad escolar. No creo. 
Bien es cierto que, en este mundo de prisas, de facilidades y de enaltecimiento de la comodidad, cuando vamos cargados hasta los dientes, con los niños chillando al lado, locos por llegar a nuestra casa, lo que queremos es terminar pronto y, cuanto más nos lo faciliten, mejor. Sin embargo, me parece un contrasentido que, en ese mismo mundo donde la tendencia es también a alcanzar los más altos estándares de seguridad, se permita detraer cantidades, digamos "pequeñas", sin ningún tipo de control. Porque, a ver, ¿quién me asegura que, a la vuelta de la esquina no va a esperarme un "amigo de lo ajeno" para robarme la cartera? O que, con el ajetreo de recoger las bolsas de la compra, impedir que los niños se tiren un stand de botellas de aceite encima o atender la llamada de mi marido que me recuerda que tengo que pasar por la farmacia, no me voy a dejar la tarjeta en la rampita donde se ponen las compras... En ese caso, el "amigo de lo ajeno" ni siquiera necesitará tomarse la molestia de darme un tirón, le bastará con llevarse la tarjetita y rezar por que tarde en darme cuenta de que la he perdido y denunciar el robo. Con suerte tardaré un poco y, 20 a 20 euros puede ir desvalijándome, eso sí, con la trabajera de hacerlo en pequeñas cantidades. 
En definitiva, que los guardianes de nuestra seguridad monetaria, en plena crisis, se lo han puesto muy fácil a dichos individuos para dejarnos la de Ubrique más seca que el ojo de un tuerto, siempre que sea "de a poco".
Recuerdo cuando se empezó con esto del pago con tarjeta: al principio te exigían firmar y mostrar el D.N.I., para cotejar la firma, todas precauciones eran pocas. Entonces su uso no estaba extendido. Con el tiempo, algunos fueron dejando de solicitar la exhibición del carné. Y cuando yo, indignada, preguntaba, "¿por qué no me lo pide?", el vendedor en cuestión me contestaba: "Me fío de Vd.", a lo que yo respodía: "¿Y si yo he robado esta tarjeta e imito la firma de su titular?". Seguían diciendo lo que dice mi marido cuando -cosa muy típica del sexo masculino- no quiere preguntar qué dirección tomar para llegar al destino en una ciudad desconocida-: "pregunta tú" porque dice que es que tengo "carita de buena". No te giba... Ni que los ladrones fueran con el delito pintado en la cara... 
Luego se puso lo del pin, que ya facilitaba más los hurtos, pues basta una mirada de soslayo para adivinar la combinación que, cual "ábrete, Sésamo" da acceso a todos nuestros ahorros. Hoy en día ese sistema sigue en vigor, para compras de más de 20 euros, con lo que si te ven el pin y te dejas la cartera, "hasta luego, cocodrilo" y da igual si la cartera es de piel de avestruz, y no de reptil, te la vacían igual. Además este sistema del pin está provocando abundantes tortícolis y estrabismos en los compañeros de cola, de desviar el cuello y la vista para que no parezca que quieres mirar el pin de marras. No lo neguéis, que lo hacemos todos... 
Pero bueno, lo que me joroba es que, para otras muchas cosas se pongan más y más barreras, cortafuegos, controles, llamadlos como queráis, y nos hartemos de firmar autorizaciones, marcar casillas para permitir acceso a datos, y demás, pero cuando se trata de meternos la mano en el bolsillo, cada vez haya menos garantías. Y nos dirán, "es que son sólo veinte euros".
Que les cuenten eso a pensionistas, parados, desahuciados, viudas y un largo etc... de desfavorecidos para los que 20 euros puede significar la diferencia entre comer y no comer una semana.

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